Desde mi cama veo dos ventanas. En una sigue siendo de día, en la otra parece de noche. Por una, sale antes el sol, y por la otra se esconde después. Una no tiene cortinas y veo siempre una estrella.
y que no sepas lo que daría por sacar todo lo de él de ti y que sólo te quedaras conmigo. Como si la vida fuera un frasco. Sobretodo cuando las voces me vuelven a gritar. Y entre pensamientos recibo alertas subliminales coreando que corra. Que me vaya. Que ahora puedo, y aunque duela y no quiera, llegará el día que el estar contigo es mejor que estar sin ti se de vuelta. Y ya no sea. Que no seas ni tú ni yo. Porque yo quiero crecer y no puedo. Cambio de opinión como de ganas de vivir. Sé a qué aferrarme para retomar el equilibrio y no lo agarro. Haces todo lo que no (te) haría. Incluso sin darte cuenta. Dicen que el amor no basta. Pero las intenciones tampoco. Las heridas del yo se me hacen insoportables. Y puede que no exista ello que me llene. Todo me queda grande y quiero dejar de reducirme. Pero no puedo. Como no puedo correr carreras que sé que no podré ganar. Prefiero retirarme.
Aquí en algún momento hubo menos tres. Yo conmigo estoy acostumbrada a ser menos una.
viernes, 5 de junio de 2015
Estoy sufriendo por cosas que me da vergüenza contar.