sábado, 11 de julio de 2015

En el universo que somos, me gustaría contarte que a veces mojo la almohada. Pero tú ya lo sabes. O decirte que siempre me levanto del lado derecho de la cama, excepto cuando duermo contigo. Que es cuando duermo en verdad. Me demoraría trece días en olvidarte, pero necesitaría todas las noches hasta mi última en lograrlo. A veces canto en la ducha. Sólo cuando me siento feliz. No puedo pasar más de diez días sin llorar. Se me nubla la vista si no lo hago. He incluido el ayuno en mi rutina. Me pinto las uñas todos los domingos. Como tres dulces cuando subo al metro. Hace dos años me volví loca. Y eso vuelve siempre que te vas. La única vez que me sonrió en el espejo es después de secarme el pelo. Casi no busco mi reflejo porque prefiero saber quién soy que ver lo que soy. Le sonrío a las abuelas en la calle buscando a la que no tengo. En la muralla de los pies de mi cama tengo una pizarra, a la que le cambio el mensaje según lo que necesito saber al despertar. En cambio, en la muralla tengo escrito permanentemente cuando crees que has llegado, comienza. Para no olvidarme que la vida no se detiene. Ni nos espera. En una cajita tengo guardados todos los pasajes de buses. De todas las veces que fui a buscarte. Y que de paso me encontraba a mí misma. De las veces que compartimos el viaje. Para llegar más lejos que nunca. Iría más allá por ti. A cualquier lugar. Cambiaría de vida. De ciudad. De país. Iría contigo. Me moriría contigo. Me moriría por ti.

jueves, 2 de julio de 2015



Estoy reconociendo cosas que me gustaría que fueran diferentes. Pero cómo cambiar te-me-nos. Cómo hacerte alguien diferente. Por qué.