martes, 4 de octubre de 2016

Pero brillé




Después de ti, la vida se ha vuelto una cosa oscura y pegajosa. A ratos -extraños y escasos- muy brillante. Llena de luz, de esa que encandila y no deja ver más allá.
Después de ti, las mañanas son inmensamente terribles. Y las noches terriblemente inmensas. Tengo esta puta sensación constante de que no quepo en ninguna parte. Todo me queda grande. Incluso, yo misma. Hay días que no puedo ser más pequeña. Y hay otros que soy tan grande que cualquier rastro de ti, es minúsculo. Pero es mentira. Lo abarcas todo. ¿Cómo fue que te quedaste conmigo, y yo no me di cuenta? 


Decidí apagar(me) la luz.
La semana completa se volvió un trapecio.
Del que me cuelgo de lunes a viernes
rogando por el fin de semana.
Y después esperando que regrese el lunes.
Que entre la tristeza y todo este
v  a  c  i  o
no me encuentro.
Hay pedazos de ti por todas partes.
Y partes de mi en todos los pedazos
(que conservaste)
¿Por qué no te quedaste conmigo
en lugar de seguir
con
-minúsculos-
trozos de mi? 
Desde que te fuiste
no consigo volver a volar.
Mis pies están tan atados al suelo
que ahora creo en la gravedad.
Podría contarte, también,
que aprendí a rezar
y he pasado
unas
vacaciones en el infierno.
Todo porque tu risa
ya no está con mi risa.
Por la Puta 
-bien PUTA- madre.
Cómo echo de menos tu risa.
Aunque ahora dudo si alguna vez te escuché reír.
Tengo miedo de haberte provocado 
más llantos
que otra cosa.
Me acordé del calor
de la casa en invierno.
Vengo con una maleta
llena de vivir sin ti.
Se hace de noche otra vez.
Y yo vuelvo a casa
con las manos vacías de orgasmos.
  Intento atrapar el sueño,
y no lo consigo.
Mientras tando
decidí apagar(me) la luz.

Pero brillé.