Hace calor y no tengo sueño. O tengo sueño pero no puedo dormir. Hay jinetes apocalípticos retumbando en mi cabeza. No sé si es segundo o tercer día de jaqueca -que menos mal ha sido un poco intermitente-. Despierto en el engaño de que el dolor quedó atrás. Pero no. Será el ruido, la temperatura, los gritos de mis primos. Hasta la máquina que recibe la chatarra que quedó del incendio de la esquina me molesta y lo escucho al lado mío. Con eco. Entonces cierro los ojos sólo para tener pena. Y este dolor que une mi cabeza con un lugar en mi pecho. Todos mis pensamientos tristes cruzan en un puente bidireccional, cultivando esa idea/sentimiento de exclusión.