sábado, 5 de septiembre de 2009

PensamientoSilencioso


-->
-->
[...]
No te vayas
No te vayas

Cuando él cerró la puerta
y la casa se hizo inmensa,
su madre lo encontró
sobre la escala
con los ojos abiertos
como dos universos
que aprenden el color
de la nostalgia.
Fue casi dolorosa esa canción hoy. Hay cosas que no dejan de doler, cosas que no entiendes, que no disfrutaste, que perdiste, que mantienes, que se van, que a veces quieren volver, que se ven, que te vuelven a doler, que igual te hacen sufrir, que te hacen un poco más fuerte, pero que igual son capaces de dejarte como niño chico, con miedos y el llanto en la garganta queriendo explotar y salir.

Tenía dos años cuando mis papás se separaron. Mi hermana venía en camino; y las cosas ya no andaban bien. Por razones de "sanidad" para nosotras y para que "creciéramos en un entorno familiar", vivimos los cuatro juntos hasta que yo tenía unos once años, mas menos. Aunque yo creo que fue más por miedo de mi mamá, y quizás un poco por apariencia. No me gustan mucho estos recuerdos. Para mí fue horrible cuando supe, por boca de mi madre, que ellos estaban separados; obviamente, cuando era más chica me preguntaba interiormente por qué mis papás no dormían juntos, por qué no conversaban... y debo reconocer que me mataba no haber visto nunca un beso de ellos dos. Era más incómoda que grata nuestra vida así; pero cuando uno es pequeño no se fija tanto en las actitudes o en los detalles, después cuando ya somos grandes nos damos cuenta de las cosas y descubrimos el por qué de algunas cosas.

La noche en que colapsó todo, la tengo intacta en la memoria. En esa época, me acuerdo, que casi no estábamos en la casa. Mi mamá aprovechaba cualquier ocasión o excusa para estar en otra parte; mi papá también pasaba poco por ahí, trabajaba harto, salía con amigos, o se quedaba quizás en qué parte. Entre ellos dos apenas se saludaban. Volviendo al asunto, no era tarde, más o menos las 21:30, quizás un poco menos, quizás un poco más. Lo sé porque estaban dando las noticias. Mi hermana y yo estábamos con una amiga, íbamos a jugar Nintendo. Bueno. No me di ni cuenta. Y ya estaban discutiendo, por qué discutían, es algo realmente absurdo y no quiero mencionarlo. Hubo un silencio, y escuché "es mejor que te vayas, ni estás aquí", la respuesta, fue lo peor: "no te preocupes. Apenas podamos, nos vamos"... La primera imagen que se me viene a la cabeza, es la de mi mamá sentada en la cama de mi hermana; yo me quedé parada en la puerta. No me atreví a decir nada. No quería entrar, de un momento a otro sentí que ya no era mi casa, estaba ajena a mi mundo. Mi mamá me miro y me dijo que nos íbamos a ir, yo la miré: no me aguanté el llanto y me tiré en la cama. Tenía miedo. No quería perder lo que tenía, no quería tener menos a mi papá, no quería perder el poco tiempo que compartía con él.
No sabía con exactitud cuando nos cambiaríamos. El día aquel llego sin que pudiera darme cuenta. Mi mamá se puso de acuerdo con mi tía, y en su camioneta fueron a buscar las cosas más grandes. En el auto de mi abuelo, íbamos mi hermana y yo. Me senté en la parte trasera, con mi oso de peluche... y lo único que pensaba, era que mi papá iba a estar solo, que la casa estaba casi vacía. Igual que yo. Mi abuelo nos dejo donde mi abuela, y no me acuerdo mucho. Suprimí esa tarde de mi memoria, pero me acuerdo que en la noche no podía dormir. Es horrible sentirse de ninguna parte... sabía que no tenía que estar ahí, pero tampoco tenía donde más estar.


Es difícil para un niño entender estas cosas. Y es más difícil aceptarlas. Sientes como lo tuyo, se te va de las manos. Y te frustras sabiendo que no puedes hacer nada (tampoco sabiendo que NO DEBES hacer nada, porque no es tu problema, aunque te afecte directamente). Es complicado saber que en ese momento se está yendo alguien/algo de tu vida. Y es más complicado y doloroso cuando te estás yendo tú, cuando tú ya tienes que no-estar; cuando, de cierta forma, abandonas lo que eres, lo que quieres y lo que tienes. Tengo 18 años, y hace tiempo entendí que era lo más sano. Pero sigo pensando que las cosas podrían haber sido diferentes. Sinceramente, no siento a mi papá. Tengo su imagen, es verdad, pero siento que cumple su rol de comprar cosas, de pasar plata, de salir a veces y no algo afectivo. Aprendí a vivir sin ti, pero así no soy feliz.

Ahora, vivo con mi madre. Ya no con mis abuelos. Mi papá, tiene su vida apartada de la mía: tiene su pareja, otro(s) hijo(s) [no sé cuantos habrá repartidos por ahí], su trabajo, sus amigos, sus panoramas. Mi mamá, tiene su pareja, JP, y a nosotras dos. Aunque es difícil entender esto, JP ha pasado a ser más mi papá que el biológico; hacemos más vida familiar juntos. Y, quizás por eso a veces lo defiendo tanto de mi mamá, porque no quiero volver a perder eso...



Hoy te escribo desde el silencio, del inmenso vacío que yo siento sin ti.

No hay comentarios:

Publicar un comentario