viernes, 27 de junio de 2014


Pregunta por mi.

El viento sabrá.

miércoles, 25 de junio de 2014

Y saber todos los días que no soy suficiente para ti.

sábado, 21 de junio de 2014

La quise como se quieren las cosas que nunca serán tuyas. Un porsche en el garaje, un mar en la ventana, un viaje sólo de ida a Nueva Zelanda. La quise como se debe querer: con ese miedo anclado en el pecho de que esta vez el truco saliera mal. La amé con todo mi miedo. Si amas sin miedo, no amas realmente. Yo siempre, desde el primer día tuve pánico a perderla. La primera vez que la vi temí que al acercarme un poco más dejara de ser ella para ser otra. Porque en mi cabeza antes de que ella existiera, ya la había dibujado tal y como estaba delante de mis ojos aquella noche. Y a cada paso que daba para acercarme tuve miedo a parpadear por si ya no estaba. Y cuando por fin parpadeé, tuve miedo a cerrar los ojos por si al despertar sólo era un sueño. Y cuando los abría y la veía tenia miedo a tenerlos abiertos porque la realidad es que algo tan bonito sólo podía soñarse y los cerraba de nuevo. Y también la veía. Y durante mucho tiempo no sabía si estaba despierto o soñando, si era real o mentira, si me la acaba de inventar o existía porque sí, porque a veces la magia existe. Pero nunca me quité el miedo de encima. Porque temer perderla era mi modo de amarla. O porque ese miedo terrible era el único modo de amar a una mujer como ella.
(Del amor y otras lluvias)

viernes, 20 de junio de 2014

Ou-topos


Una vez, a los 18 se pararon frente a mí y me dijeron: No sé si vives de utopías o la utópica eres tú. A veces creo que puede que tenga la misma enfermedad de la Teresa Wilms Montt, y que cuando escribió
“Sufro un extraño mal que hiere narcotizando; mal de amores, de incomprendidas grandezas, de infinitos ideales. Mal que me incita a vivir en otro corazón, para descansar de la ruda tarea de sentirme viva dentro de mí misma.”
también estaba pensando en mi. Pero no por lo último, sino porque es verdad que vivo de utopías, o con ellas. O que las hago vivir, para mentenerme viva a mí misma. Puede que haya leído mucho del amor, que haya pensado mucho del amor o esperado mucho de él. O de ella, de alguna, de alguien en la vida. Pero lo que es cierto, es que el amor-amor; ese que duele y gusta, el que te hiere y cura, ese que te tumba y te levanta, recién lo estoy conociendo ahora.
 

lunes, 16 de junio de 2014


Queriendo herirte en nada.
Y en mi
so
le
dad
suelo 
herirme
yo
m i s m a.

domingo, 1 de junio de 2014

Mi ella-yo.



La primera vez que la vi caminando hacia mi, dejé de moverme.
Quizás fue mi cuerpo el que no quiso que pudiera salir.
Me abandonaron las piernas, pero ya no las necesitaba.
Me pregunto si será posible descubrir en menos de un segundo,
tan rápido, al lado de quién es tu lugar.
Descubrí entonces que tenía que estar junto a ella.
Que tenía que besarla y así sentirla viviendo en mi cuello.

Ella llegó y todo fue música. Todo fue nervios, palabras bonitas y lecturas bajo un cerro.
Se sentó a mi lado y no pude dejar de mirarla nunca.
Hay veces que no puedo mirar nada que no sea ella.
Y creo que no he visto nada que se compare a su cara, así,
cerrando los ojos, abriendo levemente los labios. Juntando las cejas.
Sonando. Sacándolo todo. Sacándose todo. Y sacándomelo a mí también.
Es parte de mi música y mucho más que eso.

Ella no gime en verso ni rompe corazones cuando lo hace.
Cuando gime revive el aire. Y me hace respirar.

Desde que la conozco mis pulmones se llenan. Y a veces duelen.
Me da miedo pensar que puedo dejar de respirar(la) algún día.
Me han dicho "aprovecha".
Yo digo que lo hago todo. Que se lo doy todo. Que nos doy todo.
Antes vivía con vacíos que nunca reconocí.
No alcancé ni a sentirlos y ahora estoy completa.
Sé que me faltaba algo porque ella se ocupó de mi.
Supiera el mundo de las heridas que yo arrastraba
y que sin saberlo, sin conocerlas, me las curó todas.
Como si pudiera sanarme. Y leerme. Todo al mismo tiempo.


A veces vive triste y yo vivo con ella. Más que cuando vive feliz.
Soy parte de su tristeza, aunque probablemente le he dado pocos motivos,
pero la acompaño.
Estaría en todas sus lágrimas si me dejase.

Me colgaría de la luna -o de cualquier farola- sólo para que pudiera ver la luz. 

Está loca y me alimenta con su locura.
Le sobra algo que a mi me faltaba,
y yo le daría todo lo que tengo.
A veces no sabe lo que quiere
y hace que me pierda, pero siempre me encuentra.
O me encuentro yo, a mí misma
y vuelvo a ella.
Con sus besos aprendí a volver a mi hogar -que es ella-
aprendí a enterrarme las espinas del amor
y a mirar(nos) con los ojos cerrados.

Llevo su nombre escrito en un grano de arroz,
colgando en mi cuello.
Ella se puso el mío -como tatuaje temporal-
en una parte de su cuerpo.
Lo que no sabe es que está grabada en mi vida.
Como si su nombre estuviera escrito en mi alma,
atravesando mi existencia.
O como si yo pudiera escribirlo -y también leerlo- en cada cosa que hago.
Cada paso, cada letra, cada camino, cada salto, cada caída.
Y yo quiero significar lo mismo para ella.

Conocer y vivir en su amor me hizo de fuego,
también de agua, viento y tierra.
Todo al mismo tiempo.
Hace que me queme, me derrita
y que vuelva a renacer.
Iría y vendría todas las veces por ella.
Sobreviviría al hielo y al desierto.
Llevaría mi agua a todas las sequías,
y absorbería toda la que sobra.


Ya no sé si creo en Dios o en las estrellas,
en el destino o en la suerte,
en la regulación organísima o en las tábulas rasas.
No sé si existe el cielo o si ya vivimos en el infierno.
Sólo sé que antes de ella, yo era un poco menos yo.
Y que desde existe, no me falta nada.