No creo en historias de amor eterno ni perfecto, no creo en princesas siendo rescatadas por príncipes o por otras princesas. No creo en la tranquilidad ni en los felices para siempre. Porque ni siquiera uno mismo es para siempre. No creo que exista el amor sin espinas. Parece que creo que si algo no puede hacerte daño, nunca te hará feliz. Estoy casi convencida de que siempre hay una parte que da más, que (se) entrega desproporcionadamente, y también que es difícil amar verdaderamente sin tener miedo.