Entre las crisis vitales me viene también el ahogo y la crisis respiratoria. En compañía del sonido de mi pecho, y como cada cierto tiempo, hago el ejercicio de pensar quién soy, quién no quiero ser, cómo quiero ser. Hace un tiempo no quería ser esa que podía ser usada por alguien más. Hoy pienso, y quiero ser esa que es valorada. Generalmente, me dedico a dar cuenta de lo que son otros, de lo que eres tú para mi. Todo lo que significas en mi mundo. Pero es poco del caso contrario.
Tengo tanta tos, que reconozco que me daba miedo dormir. Que quería llorar y no podía porque me congestionaría más. Que quería despertar y tener algo que leer. Que quizás, lo que me acorrala es la nostalgia, las ganas de que volver a días pasados. Que la melancolía me emborracha, y con su efecto contrario me hago guapa para cualquiera que me mira ahí, triste. Puede que sea que la libertad es demasiado traidora y quema. Que yo no quiero que me amarren, pero tampoco quiero que me empujes al mundo y tenga que darte la espalda. Digo siempre que no quiero perderte, porque perderte es en parte perderme a mí también. Pero no dimensiono qué será ser perdida por ti. Sin que me tomes la mano o me beses en los semáforos cuando apenas tengo fuerzas para abrazarte. Andar por ahí para que salgas a buscarme. Es que en efecto, y como causa de mis formaciones reactivas, es por eso que me voy. Porque lejos de todo soy paciente y soy difícil de derrumbar. Soy resiliente y altruista. Me tomo un tiempo para estar en el suelo y es ahí donde me hago fuerte. Pero cada vez que es tu piel la que me choca y es tu voz la que me llama, me sano más rápido. Así como en una canción, tiendo a recuperarme en la cuna de tus cráteres.
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