Hoy ha sido uno de esos días en que uno no se da ni cuenta que se hizo de noche. De la nada es madrugada. Estoy sola, en esta cama que es inmensa. Está helado y me acuesto con calcetines. Pienso en ella. En sus besos. En estar lejos. Es tarde y en mi casa no hay más ruidos que el que hacen los árboles chocando contra el viento. Aunque cada vez es más tenue. Cierro un poco los ojos y me veo atravesando una niebla. Es la Soledad. Cada vez se hace más espesa y me cuesta seguir el camino. Abro los ojos y ahora Soledad está acostada conmigo en la cama. Me toma de la mano y me lleva de paseo.
Hay viajes que no tienen fecha de retorno. Y hay otros, que nunca sabes cuándo partirás.
martes, 10 de febrero de 2015
Que me arrastre el viento
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario