Los demonios de la noche me tocan los pies, invitándome a jugar. Hoy volví y Santiago me recibió con lluvia. Casi perfecta. Digo casi porque no sé cómo otorgarle perfección a algo que carece de su sentido fundamental. Y es que la lluvia paramí, la fabricas tú. Te alzas como única dueña y creadora, mientras mi cama va haciéndose cada vez más grande.
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