viernes, 16 de noviembre de 2018



Quiero hablar de mí y sólo de mí en este egoísmo desbordante. En este dolor incontrolable que no sé de dónde viene, pero existe. Yo también me canso de mí misma y me ahogo. De ti, de mi. De ella. Me persigue un pasado ausente. Y no. Quiero volver a hablar de mi. Y aún así quiero seguir contándote, a través mío del dolor tuyo. Porque no concibo mi herida sin la tuya. O la herida tuya sin que me toque a mi. Y vuelven las pesadillas. Y los temas recurrentes. Y yo también sé -y a veces extraño- todo lo que no puedo tener. Lo que no tuve, lo que no tengo y lo que no tendré. Lo que es incompatible conmigo misma. Y con esta soledad asistida que a veces extraño o me la quiero arrancar.

sábado, 5 de mayo de 2018

in-quietud.

Hablemos de ti y de mi. De mi transitando el mundo, encendiendo las luces -las tuyas- y apagando las mías. De los altos y bajos, de los tuyos que no se elevan demasiado. Quizás por miedo a la caída, supongo. De los míos, exorbitantes, inmensos. Porque creo que merece la pena llegar tan arriba aunque sea un instante. De los domingos y las mañanas. De tu cuerpo contra el mío, jamás haciendo peso. Y el mío si, asfixiándote. Hablemos de hoy. De mi cama vacía -pero no tan fría-. Del invierno que no anuncia su llegada, y un otoño que tímido se asoma y no ha iniciado su paso. Por qué fue que el verano se quedó estancado y con eso nuestra estación más lejana y menos favorita. Hablemos de tus idas y venidas, de mis intentos por ir a buscarte. Por mi prisa en contestarte, y la calma con que tú de lo tomas. De las horas en que no piensas en mi, y que me ocultas bajo excusas que no comparto pero que intento comprender. Hablemos de los círculos cerrados. De las vueltas caprichosas, los espirales y los caracoles. De lo cotidiano. De tus brazos abrazándome con esfuerzo. De que quizás te quedo grande. Que desde mi manera de habitar el mundo no logras abarcarme. O viceversa. De mí ahogándote. De esta sobredemanda que puso peso a tu libertad. De los lugares en que quise existir y fueron un oasis. Que los momentos en que me sentí tuya y parte de ti duraron todo lo que tardas en destaparte por las noches. Hablemos de mi pidiéndote que iluminaras mi oscuridad, cuando empiezo a descubrir(me) otras luces. De mi incapacidad de volver a encenderte. De mi cansancio y del tuyo. Del disfrute y del goce. De esta sensación de no querer dejarte nunca y al mismo tiempo no saber coexistir al lado tuyo. De ti reclamándome por Soledad, tirándomela a la cara de frente y atándome de manos -y decisiones- para poder enfrentarla. Hablemos de las flores marchitas de mi pecho. De la belleza nuestra y la del otoño tímido. De las brisas preciosas que recuerdan que el frío y el calor también se hacen el amor. De la hermosura de esta calidez tan helada. Del momento de silencio que antecede al ruido. O la quietud después de la explosión. Del ya no saber qué es causa y consecuencia. Este desorden mío. De mi no saber, de mi no actuar.

viernes, 2 de febrero de 2018

Ketoprofeno




Hace calor y no tengo sueño. O tengo sueño pero no puedo dormir. Hay jinetes apocalípticos retumbando en mi cabeza. No sé si es segundo o tercer día de jaqueca -que menos mal ha sido un poco intermitente-. Despierto en el engaño de que el dolor quedó atrás. Pero no. Será el ruido, la temperatura, los gritos de mis primos. Hasta la máquina que recibe la chatarra que quedó del incendio de la esquina me molesta y lo escucho al lado mío. Con eco. Entonces cierro los ojos sólo para tener pena. Y este dolor que une mi cabeza con un lugar en mi pecho. Todos mis pensamientos tristes cruzan en un puente bidireccional, cultivando esa idea/sentimiento de exclusión.