lunes, 24 de marzo de 2014
Una vez.
Una vez, lloré dos días. Completos. Ni siquiera había despertado ese sábado y ya tenía los ojos hinchados de tanto llorar. La vergüenza enterrada -en lo más profundo- y tapada con todas las capas posibles. Tres frasadas y millones de toallas en la cama. Un plato de sopa, las cortinas rojas y él. El único que entró a mi pieza.
domingo, 23 de marzo de 2014
jueves, 20 de marzo de 2014
Desplazamiento.
Resistencia y ya tenemos el estómago afuera.
Mecanismos de defensa pateando el autocuidado y la crisis.
Y es que el síntoma nos evita un sufrimiento mayor.
Casi cinco años para aprender eso.
Que entre la somatización.
El vómito, la fiebre, el temblor en las piernas.
Existencialismo y qué haría yo si te tuviera en una silla vacía.
Qué pasaría si fuéramos capaces de decir siempre las cosas.
Si nos hubieran educado en un ambiente que no calla ni reprime, estaríamos sin duda en una sociedad más sana.
A cambio de esto, nos llenamos de cosas que no salen.
Sobretodo personas como yo. Que vivimos con la culpa. O con las culpas persecutorias. Que son parecidas, pero no lo mismo.
El apego y la crianza determinan las formas de culpa. Y la reacción frente al castigo.
Las víctimas de un pecho malo, malditos condenados a la ambivalencia, vivirán siempre con el miedo de que les arrebaten algo. Algo que incluso, pueden ser ellos mismos.
¿Cómo podemos quitarnos entre nosotros? ¿Quitarle a alguien su yo?
La mejor manera de destruir a otro es atacar el narcisismo. No el secundario, sino el primario. Ese que tenemos todos -en distintas medidas-. Parte de este, es el amor propio y el sentimiento de que merecemos un lugar en el mundo. Por lo mismo, un arma mortal es hacerle sentir al otro que no vale, que no merece la pena. Desplazarlo. Cambiarlo por cosas catalogadas de urgentes. Hundirlo en la idea de que lo urgente no deja tiempo para lo importante.
Mecanismos de defensa pateando el autocuidado y la crisis.
Y es que el síntoma nos evita un sufrimiento mayor.
Casi cinco años para aprender eso.
Que entre la somatización.
El vómito, la fiebre, el temblor en las piernas.
Existencialismo y qué haría yo si te tuviera en una silla vacía.
Qué pasaría si fuéramos capaces de decir siempre las cosas.
Si nos hubieran educado en un ambiente que no calla ni reprime, estaríamos sin duda en una sociedad más sana.
A cambio de esto, nos llenamos de cosas que no salen.
Sobretodo personas como yo. Que vivimos con la culpa. O con las culpas persecutorias. Que son parecidas, pero no lo mismo.
El apego y la crianza determinan las formas de culpa. Y la reacción frente al castigo.
Las víctimas de un pecho malo, malditos condenados a la ambivalencia, vivirán siempre con el miedo de que les arrebaten algo. Algo que incluso, pueden ser ellos mismos.
¿Cómo podemos quitarnos entre nosotros? ¿Quitarle a alguien su yo?
La mejor manera de destruir a otro es atacar el narcisismo. No el secundario, sino el primario. Ese que tenemos todos -en distintas medidas-. Parte de este, es el amor propio y el sentimiento de que merecemos un lugar en el mundo. Por lo mismo, un arma mortal es hacerle sentir al otro que no vale, que no merece la pena. Desplazarlo. Cambiarlo por cosas catalogadas de urgentes. Hundirlo en la idea de que lo urgente no deja tiempo para lo importante.
martes, 18 de marzo de 2014
lunes, 10 de marzo de 2014
miércoles, 5 de marzo de 2014
lunes, 3 de marzo de 2014
Síndrome de abstiencia.
Llega la hora de separarse y el cuerpo empieza a reaccionar. La máquina que nos contiene sabe de antes lo que viene, como si pudiera presentir que el estado que menos nos gusta -pero que necesitamos a veces- está por llegar. Siempre me han dicho: uno puede controlar el llanto, pero no puede evitar que los ojos se pongan llorosos. Ya no estoy segura de cuanto puedo evitar llorar. Me imagino los días sin ti y no lo puedo. Te vas y los caminos se me hacen eternos. Tengo el impulso de bajar en camioneta y tomar la carretera, y seguirte. Después de todos estos días no hay nada más raro que despertar sin ti, o intentar dormir si no estás a mi lado.
Justo cuando empiezo a notar que a mi piel le hace falta la tuya, aparecen los espasmos y el desequilibrio. El apetito y el sueño me abandonan. Mi resistencia se hace inmensa y pasan días sin dormir, y no me doy cuenta. Tengo temblores, desde los dedos hasta la sonrisa; se me sacuden hasta las pestañas. Vienen los escalofríos y la peor parte: corriente en la columna y un hielo indescriptible. Estoy despierta y no puedo moverme. Me lloran los ojos y la nariz, sin poder controlarlos. Te pienso tan intensamente, que imagino que puedo olerte. Y lo hago tanto que creo respirarte. Poco a poco llega la calma -de saber que estás en mis pulmones y en mi sangre-. Cierro los ojos y duermo a ratos. Vuelvo a abrirlos sólo para confirmar que no, que no te has teletransportado y que sigo aquí, enredada en mis sábanas.
(Sin ti)
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