Dice una canción, que el amor es como una montaña rusa, como la lucha entre el vértigo y el caer. Y yo, que no soy felina no caigo de pie. Ni tengo siete vidas para intentarlo. Trepo rápido y estoy siempre atenta a tenderte una mano. Si es que la necesitas. Mis instintos me llevan más a cuidar(te) que a cuidarme a mí misma. Las historias se repiten y a veces vivo en ciclos que parecen ruedas. Me aplastan y dejan marcados mis brazos, como ese abril tan lejano que cortó las fibras de mis músculos. La suerte me ofrece venganza por crímenes que no he cometido. Y que no me atrevería a cometer. De pronto mi vida pasa como un reloj de arena pegado a la tierra. Y en mi país la tierra no deja nunca de mo ver se. Como tus pies por aquel no vas a poder olvidar nunca. Y que yo trato de mantener a la sombra. A veces tenemos cicatrices tan grandes que envuelven todo el cuerpo, y lo conocen por dentro. Otras, son personas. Que nos rompen. Y nos siguen rompiendo. Como si sanarse fueran puntos mal cosidos. Se abren y no sangras, pero duele. Un nivel que es más abstracto que el recuerdo. Nacen las cosquillas que no son cosquillas y son miedo. Se (me) comprimen las vísceras a tal punto, que sólo necesito vaciar. Que venga el vacío y me llene. Siempre es una tentación caminar sobre cuerdas flojas. Algunos tenemos la mala suerte de cruzar los puentes sólo para caerse. Mirar los abismos como si estuvieras mirando un monstruo a los ojos. Pareciera que es la valentía, que viene. Amor propio, dicen otros. Amarse es respetarse. Y yo me olvido de mi. Hasta que pillo mis ojos y encuentro mis manos. Las miro. Parece a veces que me pierdo y suelo creer que no podré volver. Pero me levanto. Por instinto. Por altruismo, incluso por resiliencia. Siempre hay algo que sigue intacto. Y tú, como alguien que buscó donde no debía, encuentras mi amor (por ti), que sólo estaba hundido un poco más profundo en mi existencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario