martes, 18 de agosto de 2015

Pero tú.

Entre las pérdidas de tiempo,
me pierdo a mí 
m i s m a.
Irse por alguna temporada y sólo querer volver a ti.
Eso eres.
Como los días seguidos de lluvia que siguen nublados.
Pero quién necesita el sol
si
 veo
 amanecer 
tu 
lengua.
Pero tú no dejes de mojarme.

Pierdo la noción de mi propio cuerpo.
Pero mis células tienen memoria.
Hasta mis poros
te lloran.
Y mueren.
Como muero yo sin ti.
Cuando parece que nos olvidamos.
Yo no sé dónde estoy. 
No tengo nada,
ni
siquiera
os cu ri dad.
Pero tú no dejes de faltarme.
La noche se envolvió en amorío enfermizo.
Conmigo.
Se hizo eterna y me ató los tobillos.
Quiero levantarme.
Aunque no tengo claro si mi posición es horizontal o
v
e
r
t
i
c
a
l
Pero tú no dejes de moverme.
.
Los colores pasean a mi lado en burbujas. No me tocan ni los toco.
No nos queremos.
Me he divorciado del arcoiris.
Pero tú no dejes de pintarme.

Me veo a mí misma. 
Caminando. Viajando.
Visitando a mis muertos.
Incluso,
hay días
-o noches-
que me veo
morir.
Y sólo me dejo. 
Pero tú no dejes de soñarme.
Mis defectos me tocan tan de cerca que
hasta parecen reales,
mi amor.
Y no son ese cúmulo de excusas inventadas.
Me hago de carne y me equivoco.
Tus lágrimas suenan tan fuertes 
que pareciera
que es el mar
saliéndose
de sus límites.
Me ahogaría en todas las aguas
para que no tuvieras que soltar las tuyas.
Pero tú no dejes de quererme.
Los días lejos
pasan lentos
y son todos tan iguales
que la más mínima 
contingencia
los perturba.
Incluso más.
Se agitan de una forma
que hasta un terremoto
pasa desapercibido.
Pero yo lo noto todo.
Y nada.
Sin ti
no soy yo.
Y quiero creer que sin mi
no eres.
Aunque nos cueste.
Pero tú no dejes de irte...
Y de volver.


Sobretodo de volver.
Porque es cuando vuelves, cuando te escucho cantar.
Gemir. Hablar. Reír, gruñir.
Que la vida, incluso parece fácil.

lunes, 10 de agosto de 2015

Si no puede hacerte daño, no te hará feliz.

No creo que el amor sea una decisión. Y tampoco creo que el amor sin locura y sin tortura sea verdaderamente amor.

sábado, 8 de agosto de 2015

No sé bien dónde está mi lugar. Qué soy. Si me pertenece algún espacio. La mayor parte del tiempo vivo pensando si habrá algún rincón en el mundo que me pertenezca. Algo que sea mío, para mi.

viernes, 7 de agosto de 2015

Abro cualquier cuaderno o una libreta y me encuentro con alguna frase para ti. Borradores de cartas antiguas. Ideas sueltas. Algo que mostrarte en cualquier momento.
Tengo miedo, porque a veces no sé cómo reaccionar. Tengo miedo, porque no sé con cuál de mis mecanismos de defensa te desagradaré hoy.
A veces siento que puedes saber lo que pienso o lo que escribo. Y no sé si es más una vergüenza o un alivio que conozcas el desastre de mi cabeza.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Like crazy.



Una vez me volví loca. Porque me enamoré y se iba. En verdad noté que me había enamorado cuando se fue. Si tuviera que hacer una lista con mis momentos más tristes, de todos, me quedo con ese. Tengo todos los detalles de ese día grabados por el cuerpo. Me acuerdo del té de arándano y me vuelven las ganas de vomitar. Lo hubiera dejado todo por seguirla. Cuando me dijo que partía, se me abrió la cabeza buscando formas, una posibilidad, de que pudiera quedarse. Me perdí a mí misma y no supe qué hacer. La distancia se me hacía insoportable y no podía más que caminar. Hubo tardes en las que caminé kilómetros. Tuve un dolor - porque sentirlo fue poco-, tan grande que no podía más que moverme. Para que no me alcanzara nada. Son las mitades las que te parten por la mitad. Los puntos muertos los que te matan. Y estar en el aire es, definitivamente, lo que te hace caer y estrellarte en el suelo. Nada más terrible que las camas más vacías que mi propio corazón. No es placer, es necesidad. Me hace falta todo de ella y si no lo tengo pierdo cordura. Me siento muerta. Como si pudiera sentir mi cuerpo oxidándose. Y no. Una vez me volví loca. Y es cada vez que la veo.

Me acordé de ti.


Te escribo, porque estoy segura de que ya no volveremos a vernos. Lo digo porque tú ya no tienes la ocurrencia de visitarme en sueños, y porque darle besos a tu foto no es lo mismo. Haría un esfuerzo y te contaría lo que ha pasado en estos breves e infinitos cinco años en que sólo dejo flores por tu cumpleaños. Pero para qué. En verdad sólo me quisiera saber algunas cosas. Tengo la necesidad de hablarlas contigo, pero si no es así no sé cómo. Me está matando la duda. Me gustaría saber si lo estoy haciendo bien, si es que te sientes orgullosa de mi. Si hoy, ahora, soy lo que querías que fuera. Si me miras desde no sé dónde y piensas que lo hicimos bien. Que me convertí en lo que soñamos. En todo lo diferente que quería ser.

Porque yo no.