miércoles, 5 de agosto de 2015

Like crazy.



Una vez me volví loca. Porque me enamoré y se iba. En verdad noté que me había enamorado cuando se fue. Si tuviera que hacer una lista con mis momentos más tristes, de todos, me quedo con ese. Tengo todos los detalles de ese día grabados por el cuerpo. Me acuerdo del té de arándano y me vuelven las ganas de vomitar. Lo hubiera dejado todo por seguirla. Cuando me dijo que partía, se me abrió la cabeza buscando formas, una posibilidad, de que pudiera quedarse. Me perdí a mí misma y no supe qué hacer. La distancia se me hacía insoportable y no podía más que caminar. Hubo tardes en las que caminé kilómetros. Tuve un dolor - porque sentirlo fue poco-, tan grande que no podía más que moverme. Para que no me alcanzara nada. Son las mitades las que te parten por la mitad. Los puntos muertos los que te matan. Y estar en el aire es, definitivamente, lo que te hace caer y estrellarte en el suelo. Nada más terrible que las camas más vacías que mi propio corazón. No es placer, es necesidad. Me hace falta todo de ella y si no lo tengo pierdo cordura. Me siento muerta. Como si pudiera sentir mi cuerpo oxidándose. Y no. Una vez me volví loca. Y es cada vez que la veo.

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