A veces,
estás tan triste que ni la madrugada te consuela. Y respiras frío, tanto que
duelen los dientes, y no eres capaz de absorber ningún calor. Aún así, cuando
tu piel se está quemando sigues helada. Nada me inmuta. Mi casa se vuelve a
caer, escucho los gritos pero nunca me levanto.
A veces,
estás tan triste que ni el día te despierta. Y no sales del letargo. Tanto, que
te adaptas al insomnio. Y nunca puedes abandonar los trastornos del sueño. Nada
me apaga, nada me ilumina. Veo la luz por la ventana, pero sólo le doy la
espalda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario