domingo, 29 de septiembre de 2013

Unas veces se gana y otras se pierde.


· He bajado hasta el puerto y he escuchado las sirenas de los barcos que llegaban de alta mar. Transatlánticos que nunca he pisado: no estás hecha para el agua si no te quieres mojar. He aguantado en la línea de salida hasta oír ese disparo que marcara una señal, pero el pánico al fracaso me detiene. Unas veces se gana y otras se pierde.
· He mirado en el fondo de tus ojos, de pupilas dilatadas como un túnel sin salida. Los recuerdos han quedado tan borrosos como el barro de los charcos después de la tempestad. Son las brasas de una llama extinguida donde me dejé la vida intentándola avivar. Para qué perder el tiempo en convencerte, unas veces se gana y otras se pierde.
· Las mujeres y los niños van primero, se ha iniciado el salvamento. Capitanes que se hunden con su nave, ¿Qué fue de ellos? nadie sabe.

· He aprendido a lamerme las heridas, renacer de mis cenizas y volver a comenzar.


¿Para qué perder el tiempo en convencerte?

miércoles, 25 de septiembre de 2013

The long and winding road

Despertar a las 4.15 todos los días y no poder volver a dormirse. Esperar -o aplazar- la hora de levantarse. Bañarse con el agua tan fría, que duelen los huesos. Intentar tomar desayuno y no retener la comida por más de 20 minutos. Estirar la hora de irse. Salir. Tener frío con el sol brillando en la espalda. Caminar y sentir las piernas blandas. Llegar a la esquina y ver borroso. No poder levantar la mirada. Tener los ojos tan hinchados que parecen tener vida propia. Llorar cruzando la plaza. Vomitar en la calle. Seguir teniendo frío. Hacer en tres tiempos el camino habitual. Sentirse tan sola que hasta cuesta soportar la propia presencia. Ganas de no estar con nadie y de estar con todos. Ganas de que no te encuentren nunca, pero de que te busquen. Tomar el metro y que vaya lento y vacío. Bajarse. Cruzar la calle en el primer verde. Llegar a la universidad y no entrar a clases. Sentir el mundo moviéndose y burbujas de aire en la nuca. Hablar con los amigos.  Aprender que hay cosas que no importan ni la N de nada.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Única en el mundo.

La miro y se me escapa un pensamiento en forma de palabras. Alcanzo a callarme, pero ella me pregunta qué quiero decirle. No digo nada. Coqueta, me dice. Pienso que no debería decirle nada. Aunque ella siempre sabe. Todo lo sabe. Entonces respiro, la abrazo y me hundo en su cuello para decirle muy bajito al oído -y que nadie más se entere- que siento que si hay alguien en el mundo que es para mi, es ella. Ahora pienso también que, si hay alguien en el mundo para amar así, como yo la amo,  es ella y sólo ella.
Porque ella es única en el mundo (para mi). Con ella vivo un amor loco, libre, sano, bueno y verdadero. Un amor de echar de menos, de permitirse echar de menos. Un amor con dolor de tenerla lejos. Un amor con la más feliz de las felicidades por tenerla cerca. Un amor de hacer cosas nuevas. De hacer lo mismo, y que incluso así parezca distinto. Un amor de viajar, de compartir camas nuevas y distintas. Un amor de estar dispuesta a estar en cualquier lugar, si es con ella. Un amor de abrazarse en el bus, de tomarse la mano en el metro, de besos en los semáforos, de afirmarse en el barco pirata. Un amor de caminar kilómetros, de sentarse horas, de no levantarse nunca. Un amor sin tener vergüenzas. Un amor en libertad. Un amor de compartir, de compartir hasta la sangre. Un amor que deja decir las cosas. Un amor que me tiene en las nubes, y por qué negarlo, un amor que me ha tenido de rodillas en el suelo. Un amor que no necesita hacer promesas. Un amor que es distinto. Un amor que han visto sus amigos y los míos. Un amor que es tuyo, que es mío, que es (sólo) nuestro. Un amor real. Un amor que es sólo a m o r.
                                                            


        Me enseñaste a amar.
                                      Y yo te di mi vida.

jueves, 12 de septiembre de 2013

martes, 10 de septiembre de 2013

Hay canciones que no se pueden decir. Que no se pueden cantar... Y que no se pueden escribir.
Canciones que duelen. Como duele el amor a veces. Como duele querer tanto y estar lejos. Como duelen las letras de su nombre grabándose en algún rincón de mi existencia. 

lunes, 9 de septiembre de 2013

Te morías por volver.

martes, 3 de septiembre de 2013

Me pierdo en mi cama, que es gigante. Me pierdo en ésta cama que es cuatro veces mi cuerpo. Me muevo. Me cambio de lado e intento salir. Me destapo, buscando el frío.

Hoy llovió. Me mojé. Tiritaba. Y no me abrigué. Porque yo ya no quiero más calor que el de tus huesos. Por eso busco el frío. Un frío que me haga sentir viva. Un frío que no deje que mi cuerpo se queme sin el tuyo.

Resumiendo

Encontrarte. Saludarte. Mandarte una vaca. Hablarte. Contarte. Buscarte. Juntarte (conmigo). Esperarte. Besarte. Mirarte. Abrazarte. Tomarte (la mano). Sentarte (a mi lado). Besarte, otra vez. Besarte mil veces. Conversarte. Sentarte (y leerme). Dejarte. Juntarte de nuevo. Buscarte (al otro día y muchos más). Angustiarte (y angustiarme contigo). Presentarte. Ir a visitarte. Desnudarte. Desayunarte. Almorzarte. Oncearte. Cenarte. Tomarte (en brazos). Agarrarte (con las piernas). Tironearte. Golpearte (sin querer). Concretarte. Soñarte. Escucharte. Mirarte (el tatuaje de plumón). Cocinarte. Lavarte (la ropa y el cuerpo). Pensarte. Enviarte. Armarte (en mi cabeza y mi cama cuando no estás). Bailarte. Cantarte (bajito y entre canciones). No cambiarte (por nadie).


Esperarte.                      
                                  Llorarte.
                                                                       Necesitarte.

                                                                                                               Extrañarte. 
  

Todo, todo eso (y más)
Todo eso (y las palabras que todavía no descubro)
Todo esto

               se resume
                                       en
                                                        a m a r t e.

En el amor. Que se convierte en arte. Que se hace mil formas y mil maneras de hacerlo bien y de hacerlo mal. Que se vuelve todo. Que se convierte en la técnica de hacer visible lo invisible.

En la virtud de poder materializar pero dejar que todo siga siendo abstracto.

En la capacidad de que pueda alcanzarlo todo. Pero que ni siquiera sea necesario tocarlo.




domingo, 1 de septiembre de 2013

Fe

No sé en qué momento volví a creer en dios.

Y ahora sólo le pido que el dolor no me sea indiferente.