martes, 28 de enero de 2014

Una vez pensé algo maravilloso. Ahora, ya no tiene sentido.

sábado, 25 de enero de 2014

Me decías que era frío, que era todo indiferente y buscaste un continente para entregar tu calor.

jueves, 23 de enero de 2014

La primera vez que nos dijimos te amo.


Era invierno y ella volvía de haberse ido. Me refiero, que deshizo la distancia y su cuerpo estaba pegado al mío. Estábamos en un pueblo cordillerano, cerca de las nubes. Desde la noche anterior que queríamos decirnos algo. Pero no nos atrevíamos. Por mi parte, me resistí a amarla. Aunque mi resistencia duró sólo una madrugada. Me dijo que lo dijera yo primero, pero no quise. Entonces, me mira, se acerca, respira y pronuncia: creo que te amo. Yo ya lo sabía. No me creería si le digo que antes de decir cualquier cosa, yo le hubiera respondido que yo también la amo. Ahora pienso que si era yo la que hablaba primero, la frase sería: siento que te amo. Pero fui yo la que habló al último. La que habla hoy. Soy yo la que dice, que te amo como a ninguna. Como a nadie. Y como nunca.

lunes, 20 de enero de 2014

De amores de cuento y otras cosas.

A veces uno vive con la ilusión de las relaciones de los cuentos y el vivir felices por siempre. Es fácil, uno besa el sapo y es un príncipe;  el veneno de la manzana se va con un beso; los labios de otro te quitan de encima maldiciones y años de agonía.
Pero otras veces, uno vive sabiendo que todo puede irse tal como llegó. Es más complicado, amas y te llenas de un veneno que te hace sentir viva; besas al sapo y puede que seas tú quién se convierta;  matarías por los labios de otro. Matarías porque ese escosor nunca te abandonara. Porque es esa quemadura la que encarna el amor.
Yo no quiero un amor de cuento, ni de película. Quiero un amor de la vida, un amor cómo tú. Quizás sin un felices para siempre, pero con un más felices por estos días.

domingo, 19 de enero de 2014

Y para ti lo más hermoso era despertar junto a sus ojos, iluminando el mundo.

sábado, 18 de enero de 2014

A y B

El mundo está habitado por dos clases de personas: quienes tienen más de lo que merecen, y quienes nunca lo tendrán.

Me dijiste que te podía llamar cuando quisiera, pero que tú no me ibas a llamar a mi. Tú decides dónde y cuándo, dijiste. Si fuera por mi, te vería todos los días.

Por lo menos fuiste honesta, que es más de lo que puedo decir de mi mismo. Jamás te llamaba entre semana, ni siquiera te extrañaba.

Así es como la pierdes.

miércoles, 15 de enero de 2014

No te conozco cuando dices que felices, que caras mas tristes.

martes, 14 de enero de 2014

Personas no deseadas.


Que encontrarnos sea lo último que me pase en la vida. Y aún mejor si no me pasa en la que estoy viviendo ahora.
Que no nos veamos, que no nos crucemos. Que ni siquiera sepamos de nuestra existencia.
Que no caigamos en interrogantes ni supuestos. Que la vida nos aleje en cada respiro.
Que de dos extremos no se hace un entero.

Que mientras más me sonríe la vida, peor para ti. Y viceversa.                    

lunes, 13 de enero de 2014

Los sueños viajan con el viento.

martes, 7 de enero de 2014

Por ti.

Estar en ese momento de la vida, que lo harías todo. Pero que ahora también quieres que lo hagan todo por ti. Es querer dar, y tener ganas inmensas de recibir. De que den por ti. Y no es una manera de poner a prueba ni nada por el estilo. Es que empiecen a hacer por ti lo que mereces.

lunes, 6 de enero de 2014

De egoísmo y otras cosas.


Comprenderás, que no estamos en el mismo mundo. Qué todo para ti y para mi tiene un significado único y particular; que el mismo momento, que el mismo árbol, que el mismo día, que las mismas palabras son cosas diferentes para ti y para todos.
Comprenderás también que un vaso roto nunca se recupera. Y que uno cambia. A pesar de que luche, de que internamente se tienda a la entropía, el estado basal/inicial nunca se recupera por completo. Aunque debo admitir que en situaciones uno logra estados mejores. Ya te imaginarás la energía que eso implica, y por lo mismo, el cansancio que conlleva.
Me declaro cansada. Como dice Fito, siempre quisiera darte un poco más de lo que te pido. Que en parte y fondo, es un poco mi manera de amar. Como me enseñaron a amar y como pensaba que era el amor. Ahora digo, y volviendo a lo anterior, en este mundo lleno de significados distintos, creo que todo tiene distintos niveles o categoría. Sostengo, como siempre, que con orgullo no se puede amar bien. Ni con egoísmo extremo. Mi Tata siempre dijo que mi peor defecto era ser desorgullosa.
Pero hablemos de egoísmo. Yo me considera egoísta en varios sentidos, que para los demás no son. Por ejemplo, cuando me cuentan o pasa algo pienso rápidamente cómo afecta esto mis planes y qué puedo hacer o qué pueden hacer otros para que las cosas no varíen demasiado. Aunque considerado desde otro punto de vista, también puede ser el intento de encontrar algo que nos deje conformes a todos. Pienso, también, que dos personas con el mismo tipo de egoísmo no pueden estar juntas; porque el egoísmo cada vez es más fuerte y nos consume. Ser egoísta es querer estar sobre el otro. Que nuestra voluntad se haga sobre la del otro. En cuanto a las relaciones identifico dos tipos de egoísmo; el primero espero no tenerlo nunca y es ese en que uno siempre se pone a sí mismo por sobre todo: lo que yo quiero, lo que yo tengo ganas, lo que a mi me apetece más. Para mi, ese es egoísmo extremo. Y el otro, es el egoísmo del tiempo. Yo peco de este pero no sé cuánto me arrepiento. El egoísmo del tiempo, es querer o intentar que mucho del tiempo sea nosotros. Abarcar tiempo con el otro. Pero hay que tener ojo en no absorberse, porque qué fome fundirse con un otro. De todas maneras, es triste darse cuenta de que inevitablemente uno se vuelve egoísta en algunas sentidos, o que lo es a veces. Admiración absoluta por quienes logran abandonar el egoísmo, aunque sea de manera momentánea. Qué difícil es dejar un poco de lado la propia voluntad. 

Trato de mirarme e identificar todo lo que he cambiado. Siento a que a veces uno ve lo que quiere ver. Y esa premisa se hace tan cierta como que uno sólo dice lo que quiere decir. Me veo triste. Como en otros momentos de la vida. Algunos me han dicho que creen que me gusta sufrir. Creo que en el fondo es una lucha de fuerzas, como las pulsiones de muerte de Freud. Si vivir es también morir, por qué la felicidad no puede ser también tristeza. O considerarlo desde el humanismo: no puede existir una fuerza sin su opuesto complementario. Que a veces seamos tristes es porque también hemos sido felices. Es sólo que a veces me veo y me pierdo en la pelea. Es como cuando te visita la desilusión y -momentáneamente- te abandones a la fuerza que sea más potente y te quedas en el aire. También es como vivir con esa angustia, como cuando ves una película que sabes que no va a terminar bien.

Es saber las cosas de antemano. Es no escuchar la alerta que te dice que corras. Es no saber disimular ni mentir. Es tener tu propio nombre forjado en una bala.

Y ya me sé de memoria lo que va a pasar.

Algo que duela tanto como no ser feliz, como no volver nunca a ser feliz.

domingo, 5 de enero de 2014


Me intoxico con un veneno que corre por mis venas desde que te conozco.

Yo no soy poeta.


Yo no soy poeta. No escribo bonito. No me sale ni la prosa ni el verso. 
Yo no soy poeta, porque no tengo nada más de lo que he perdido.
Yo no soy poeta, aunque el agua se hizo en mis ojos (y no quiere dejar de nacer)
Yo no soy poeta, porque no soy ni demasiado feliz ni demasiado triste.
Yo no soy poeta, pero las cicatrices de mis venas tienden a abrirse con facilidad.
Yo no soy poeta, porque detrás de muchas cosas soy sólo número.
Yo no soy poeta, porque cuantificar y los versos no se llevan bien.
Yo no soy poeta, porque no alcanzo todos los niveles de sufrimiento -aunque a veces los más altos me quedan chicos-.
Yo no soy poeta, porque el infierno no sale de mi. No lo exteriorizo, digo.
Yo no soy poeta, porque nunca me he muerto de amor - a pesar de que he estado a punto-.

En cambio, otras veces soy poeta, porque sé que después de la calma viene la tormenta. Y que si la lluvia cesa, volverá. Y que su regreso puede ser peor.
Yo si soy poeta, porque la nostalgia se hizo con mi corazón.
Yo si soy poeta, porque en las noches dejo que el sufrimiento haga nido en mi cama.
Yo si soy poeta, porque algunas mañanas ni he abierto los ojos y ya estoy llorando.
Yo si soy poeta, pero dejo que la tristeza me toque. Incluso cuando no debe. Y yo también la toco a ella.


Pero lo verdaredamente importante, y lo que nunca tenemos que olvidar,
es que siendo o no poeta
yo nunca voy a ser su poeta maldito.

Nos hizo quemaduras aquella libertad.

sábado, 4 de enero de 2014

Algo de ti me hiere tan profundamente, que no soy capaz de decir(te)lo.