jueves, 23 de enero de 2014

La primera vez que nos dijimos te amo.


Era invierno y ella volvía de haberse ido. Me refiero, que deshizo la distancia y su cuerpo estaba pegado al mío. Estábamos en un pueblo cordillerano, cerca de las nubes. Desde la noche anterior que queríamos decirnos algo. Pero no nos atrevíamos. Por mi parte, me resistí a amarla. Aunque mi resistencia duró sólo una madrugada. Me dijo que lo dijera yo primero, pero no quise. Entonces, me mira, se acerca, respira y pronuncia: creo que te amo. Yo ya lo sabía. No me creería si le digo que antes de decir cualquier cosa, yo le hubiera respondido que yo también la amo. Ahora pienso que si era yo la que hablaba primero, la frase sería: siento que te amo. Pero fui yo la que habló al último. La que habla hoy. Soy yo la que dice, que te amo como a ninguna. Como a nadie. Y como nunca.