lunes, 19 de mayo de 2014
Carmen
Dicen que hay amores que uno nunca olvida en la vida.
Y yo no sé cómo podría olvidarme alguna vez del amor.
Del que te tuve, del que te tengo. Y del que te voy a tener.
Pienso en tu nariz, en tus orejas y en tu piel suave.
En tu olor delicado, que me hacía sentir como en casa.
Me acuerdo de tus comidas. De los vinos y diccionarios.
De las palabras y las tardes haciendo crucigramas.
De los rompecabezas. Los juegos en el Nintendo.
Me acuerdo de cuando tuve amigdalitis y me enseñaste a dividir.
Y al mismo tiempo, me enseñaste a no ser egoísta.
Y compartir. Dijiste que si hacemos buenos cálculos, la justicia nace en nuestras manos.
Me acuerdo de todos los cuidados y tu delicadeza después de cada accidente.
El atropello, las infecciones y los virus. Las hospitalizaciones y las bajas de peso.
Las caminatas y las idas al cerro. Hablábamos de cruzar el mundo.
Días especiales para hacer dulce de membrillo,
tardes enteras de hornear queques,
desayunos inolvidables en tu cama.
Pienso en tus ojos y tu capacidad infinita de convertirlo todo en amor.
Siento tus manos, ya arrugadas, tocándome la cabeza.
Las cosquillas en la espalda y tu valentía para defenderme
-y alejarme de todo lo que me hacía daño-.
Me acuerdo de mis cumpleaños. De los choques y las tortas.
De nuestro encontrón y mi cabeza llena de manjar y crema.
De mi escondite bajo la mesa y la vergüenza que me da
cuando me cantaban -menos tú-.
De que me decías que el día que yo nací
era el día más feliz de tu vida.
Y yo te abrazaba.
Tengo las fotos, de mi última celebración contigo.
Me mirabas en todas.
Yo estaba orgullosa de crecer por ti. Contigo y para ti.
Todavía tengo el reloj que me diste hace cinco años.
Y tengo todo el tiempo que me regalaste.
Y siempre me hará falta el que no compartimos.
La vida pasa y pesa después de ti.
Pero yo puedo levantarme. Y mantenerte viva.
Porque existir es más que respirar y tener un cuerpo.
Tú eres más que noviembre del 2010.
Tú eres conmigo.
Y yo, soy por ti.