Nada es más insoportable que la armonía basada en afectos contenidos.
Nada es peor que mantener las cosas bajo el sacrificio y la inmolación propia.
Que quedarse callado no es bueno, ni es sano.
Que hay que decir lo que a uno le molesta.
Lo que no quieres.
Lo que cambiarías.
Incluso decir cuando ya no puedes más.
Es difícil escribir cuando uno está feliz, es defícil expresarse en la quietud. Así como es complicado querer el mar cuando no tiene olas. Me atrevería a decir que las aguas son más seductoras cuando están inquietas.