Mi primer recuerdo de ti, es a los dos años y medio. Estábamos solos en la casa, y tú me dejabas entrar el triciclo y andar por los pasillos. Acto seguido, nos íbamos a la clínica. Después, me acuerdo de mí, en tus brazos, en alguna playa; mientras yo me enojaba con el mar por romper mis castillos, tú llenabas valdes con pulguitas de mar y así yo pudiera tener mi propio reino. Me acuerdo de mi, siendo reina en Pirque y nosotros celebrando con tu club deportivo. Tampoco se me olvida esa vez que ibas manejando borracho, y yo de pie detrás de tu asiento, te afirmaba la cabeza y te hablaba para que no te quedaras dormido. Tus cuentos para curar el insomnio que tengo desde siempre. Los masajes en los pies. Y los tuyos rotos, por jugar a la pelota. El cariño por el fútbol y la cancha. No se me borra nunca tu cara de odio, el día que nos echaste de la casa. Y lo feliz que eres cada vez que celebramos algún logro. No se me olvida nada, papá. Ni tus escapes a otras ciudades por ver a otras mujeres. Ni cuando llegaste y me afirmaste en algún funeral, ese día que yo sólo quería correr. Lo terrible, es ahora, que tú quieres huír y yo no sé si te puedo sostener.
Me gustó tu blog. Esta entrada en particular me hizo reflexionar. La relación que tenemos con nuestros padres siempre nos marcan y el hecho de descubrir cosas como por ej. la infidelidad siendo pendejo es algo muy difícil.
ResponderEliminarGracias. Saludos y que estés bien :)
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