sábado, 30 de noviembre de 2013

No me arrepiento de morir en el intento
de bajar la luna llena solamente para ti.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Todo lo que sé, me lo enseñó una bruja.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Yo nunca voy a ser su poeta maldito
Viajar por infinitas carreteras. Conducir todos los kilómetros. Llegar a mil lugares distintos. Recorrerlo todo, hasta encontrar el lugar donde fracasé, el sitio exacto en que habitan mis errores.
- Promete que me comprarás una casa.
- Lo prometo. Pero sólo si te quedas, para siempre.

martes, 19 de noviembre de 2013

Que el mundo se acabe.


Una vez te dije, después de un temblor, que si el mundo se acababa estaba contigo. Y te reíste de mi.

y s u p o n g o que no e n t i e n d e s el (sin)sentido de mi frase.

Puede caerse, romperse, quemarse, ahogarse, o explotar el mundo y yo iba a estar a tu lado.

Puede desvanecerse todo, y seguir junto a ti. Puedo romperme completa, puedes romperme completa y pueden romperme completa, y aquí estaré. Porque no sé si soy fuerte, altruista o masoquista pero tengo un algo que no me deja rendirme. Nunca. Pueden quitármelo todo, o puedo perderlo todo, y seguiré aquí -mientras seas tú la que no me quite nada-.
Puedo quedarme sola. No ver a nadie en días. Puedo no salir, no comer ni levantarme. Puedo vomitar y sacarme el alma y no sacarte a ti. Puedo llorar y llorarlo todo. Y no saber si lloro por abuela, por madre, por cansancio, por la distancia. O no entender si lloro por mí, por ti, o por lo que me haces. Puedo no distinguir mi llanto y no reconocer que lloro por tenerte lejos o porque mis heridas y sus intentos de cicatrices gritan tu nombre. Puedo no reconocer que te lloro en las noches, las madrugadas, las mañanas, antes y después del desayuno. Que -incluso- te lloro en ayunas y cuando sigo vomitando de llenarme para no tener vacíos. Puedo no decirle a nadie que lloro caminando, de ida y de vuelta. Que no se entere ninguno que mis ojos ya no son ojos y que llevo tanto tiempo con estas bolsas que no recuerdo como es ver sin tenerlas.

Puedo llevar 34 días llorándote.
Odiando y
a m á n d o t e.
Asustántome.
Puedo llevar seis lunas llenas.
Muriéndome. 
Contigo.
Por ti.
En tu ausencia.
Esperándote.
Pero si yo me muero -y que
quede
c l a r o -
me muero de pie.
Y contigo.


lunes, 18 de noviembre de 2013

Cuando se cierran todos los cuadernos, los dientes y el cuerpo están limpios, y se han apagado todas las luces, sólo entonces se puede llorar. O hay un poquito de tiempo para hacerlo.

Voy buscando la manera.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Maktub

Leo humanismo y existencialismo y me voy a la mierda. Pienso en logoterapia y la búsqueda del sentido. La autorrealización, en vivir ahora, en vivir en el presente. No sé en qué momento empezó a hacerme daño la psicología humanista.
Pienso, pienso, pienso.
¿Qué pasa si no hay nadie? ¿Qué pasa si vives toda una vida, y nadie te espera?

Qué pasa si nada tiene sentido, qué pasa si siempre todo es lo mismo. Qué cresta pasa, si nada cambia. Qué pasa si se frena la autorregulación, si no hay autoactualización. ¿Qué pasa si no conseguimos la equifinalidad? 

Una película dice: “Nada ocurre que no esté escrito, hay que dar tiempo al tiempo”. Pero si no hay tiempo?

sábado, 16 de noviembre de 2013

Yo buscaba el cielo en tu mirada y nunca sabré lo que encontraste tú.

Que te traigan flores las mañanas.

Que no pases noches sin dormir.

Que el sueño se pose en tus pestañas.

(Que uno de esos sueños me sueñe a mi)

martes, 12 de noviembre de 2013

No es perfecta.
 Más se acerca a lo que yo
s i m p  l e  m e  n t e  
soñé.                              

lunes, 11 de noviembre de 2013

Las semanas pasan por mi cuerpo y por mis ojos.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Las penas rondan el mundo con caras hambrientas buscando corazones para devorar.

Lo que aprendí.


He aprendido a recorrer grandes distancias sola. También a comprar pasajes, estar horas sentada y tener disposición de viajar y moverme en el mundo. He aprendido a tomar cervezas y fumar. He aprendido a ver lo feo en lo hermoso y viceversa. Aprendí de igual manera, a caer de rodillas y amortiguar el golpe con las manos. He aprendido a no negar amor, a no negar un te amo ni un abrazo. He aprendido a escuchar y saber cuando tengo que hablar. He aprendido a guardar secretos y dejar de decirlo todo. Aprendí a perdonar y mirar con un poco de altura. También a estar en el suelo y darme el tiempo de estar en el suelo, literalmente. He aprendido a mostrar mis debilidades y seguir siendo fuerte. Perdí en parte la vergüenza de que me vean en pijama. Ahora puedo dormir más o dormir menos. Tengo la capacidad de amar de otra manera. Aprendí a contar algunas cosas al mundo y no tener miedo de decirlas. He aprendido a caminar de noche -o madrugada- por las calles. No he hecho ninguna promesa. Y he intentado que no me prometan nada. Soy valiente, no sé si eso puedo aprenderse pero ahora me doy cuenta. He aprendido a renunciar a una parte de mi egoísmo. Aprendí a no tomar desayuno y dejar que pasen muchas horas sin comer. También puedo sentir cosas sin que me las digan. Aprendí a compartir de la ducha a la sangre. Tengo palabras nuevas y nuevos significados para algunas cosas. Tengo amor propio sin orgullo. He aprendido a vivir en distancia y con distancia. Sé también vivir el día a día sólo conmigo, sin ti, sin mi, contigo, con tú y yo, y también en soledad. Aprendí a mirar las heridas de frente. He aprendido muchas cosas que no sabía, y he aprendido a permitirme algunas cosas. Ahora sé echar de menos -dejarme echar de menos, en verdad- porque me sigue costando a veces. Pero una de las cosas que más he aprendido, es a ser dos. No que dos son uno. Sino que somos dos.

No sé si fueron infinitos o fueron eternos los días que caminé afirmándome las tripas. Intentando abrazarme a mi misma para no dejar que la soledad y los miedos se apoderaran más de mi cuerpo. No sé cuanto tiempo creí que tenía que cuidarme de todo y todos. Pasaron días y noches en que no pude distinguir cuál era claro u obscuro. No quería ver el sol ni soportaba la falta de luz. Recorrí calles sin darme cuenta de los kilómetros que avancé. Un día me atraparon más de 27 y hasta se me hicieron heridas en los pies. Se me reventaron los oídos con canciones amargas. Vomité todo, incluida el alma, y aún así no podía sacarme la pena. Me perdí en un campo de noche. Apagué las luces del auto y no vi nada. Sólo la luna, que por un momento también se apagó. Aunque es probable que haya tenido los ojos cerrados, porque es casi imposible que la luna se apague. Lloré tanto que no me daba ni cuenta cuando dejaba de hacerlo. Perdí los ojos y no los encontraba. Tuve miedo. Tuve rabia. Tuve ganas de callarme. Me tragué millones de palabras por no morderme la lengua. Tuve el corazón tan roto que no pude más que leer a Junot Díaz y su libro así es como la pierdes. Supe que lo tenía tan roto cuando no pude seguir leyendo el libro, porque cada palabra me hacía más pequeño cada trozo. Hubo tantos pedazos de mi repartidos por tantas partes que pensé en poner anuncios con mi número de teléfono para que me los devolvieran. Tuve pánico de que un animal se quedara con alguna de mis partes y la enterrara, y yo nunca más pudiera volver a estar completa. Por eso me apuré en armar de nuevo lo que soy ahora. Creo que es difícil siempre que las cosas vuelvan a ser iguales, sobretodo uno mismo. Porque en el ser humano, el cambio es constante. Las piedras tienen que rodar para ser redondas y el porrazo que me di, desfiguró alguna de mis caras. Quizás mis ángulos nunca volverán a ser los de antes, pero están reconstruyéndose, y aunque nada sea exactamente igual, si puedo ser levemente mejor en algún aspecto.

Sufro de un extraño mal que hiere narcotizando; mal de amores, de incomprendidas grandezas, de infinitos ideales. Mal que me incita a vivir en otro corazón, para descansar de la ruda tarea de sentirme viva dentro de mí misma.
twm.