He aprendido a recorrer grandes distancias sola. También a comprar pasajes, estar horas sentada y tener disposición de viajar y moverme en el mundo. He aprendido a tomar cervezas y fumar. He aprendido a ver lo feo en lo hermoso y viceversa. Aprendí de igual manera, a caer de rodillas y amortiguar el golpe con las manos. He aprendido a no negar amor, a no negar un te amo ni un abrazo. He aprendido a escuchar y saber cuando tengo que hablar. He aprendido a guardar secretos y dejar de decirlo todo. Aprendí a perdonar y mirar con un poco de altura. También a estar en el suelo y darme el tiempo de estar en el suelo, literalmente. He aprendido a mostrar mis debilidades y seguir siendo fuerte. Perdí en parte la vergüenza de que me vean en pijama. Ahora puedo dormir más o dormir menos. Tengo la capacidad de amar de otra manera. Aprendí a contar algunas cosas al mundo y no tener miedo de decirlas. He aprendido a caminar de noche -o madrugada- por las calles. No he hecho ninguna promesa. Y he intentado que no me prometan nada. Soy valiente, no sé si eso puedo aprenderse pero ahora me doy cuenta. He aprendido a renunciar a una parte de mi egoísmo. Aprendí a no tomar desayuno y dejar que pasen muchas horas sin comer. También puedo sentir cosas sin que me las digan. Aprendí a compartir de la ducha a la sangre. Tengo palabras nuevas y nuevos significados para algunas cosas. Tengo amor propio sin orgullo. He aprendido a vivir en distancia y con distancia. Sé también vivir el día a día sólo conmigo, sin ti, sin mi, contigo, con tú y yo, y también en soledad. Aprendí a mirar las heridas de frente. He aprendido muchas cosas que no sabía, y he aprendido a permitirme algunas cosas. Ahora sé echar de menos -dejarme echar de menos, en verdad- porque me sigue costando a veces. Pero una de las cosas que más he aprendido, es a ser dos. No que dos son uno. Sino que somos dos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario