Una vez te dije, después de un temblor, que si el mundo se acababa estaba contigo. Y te reíste de mi.
y s u p o n g o que no e n t i e n d e s el (sin)sentido de mi frase.
Puede caerse, romperse, quemarse, ahogarse, o explotar el mundo y yo iba a estar a tu lado.
Puede desvanecerse todo, y seguir junto a ti. Puedo romperme completa, puedes romperme completa y pueden romperme completa, y aquí estaré. Porque no sé si soy fuerte, altruista o masoquista pero tengo un algo que no me deja rendirme. Nunca. Pueden quitármelo todo, o puedo perderlo todo, y seguiré aquí -mientras seas tú la que no me quite nada-.
Puedo quedarme sola. No ver a nadie en días. Puedo no salir, no comer ni levantarme. Puedo vomitar y sacarme el alma y no sacarte a ti. Puedo llorar y llorarlo todo. Y no saber si lloro por abuela, por madre, por cansancio, por la distancia. O no entender si lloro por mí, por ti, o por lo que me haces. Puedo no distinguir mi llanto y no reconocer que lloro por tenerte lejos o porque mis heridas y sus intentos de cicatrices gritan tu nombre. Puedo no reconocer que te lloro en las noches, las madrugadas, las mañanas, antes y después del desayuno. Que -incluso- te lloro en ayunas y cuando sigo vomitando de llenarme para no tener vacíos. Puedo no decirle a nadie que lloro caminando, de ida y de vuelta. Que no se entere ninguno que mis ojos ya no son ojos y que llevo tanto tiempo con estas bolsas que no recuerdo como es ver sin tenerlas.
Puedo llevar 34 días llorándote.
Odiando y
a m á n d o t e.
a m á n d o t e.
Asustántome.
Puedo llevar seis lunas llenas.
Muriéndome.
Contigo.
Por ti.
En tu ausencia.
Esperándote.
Pero si yo me muero -y que
quede
c l a r o -
me muero de pie.
Y contigo.
Y contigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario