domingo, 31 de agosto de 2014
domingo, 24 de agosto de 2014
If i fell
No agacharía la cabeza en ningún camino, por difícil que sea, si me lleva hasta ti.
Me levantaré como un héroe, combatiría contra dragones, fuego, lluvia, y vientos terribles.
No me rendiría frente a ningún obstáculo. Los destruiría todos o aprendería a vivir con ellos.
Me mantendré firme ante cualquier temblor, porque la que de verdad me mueve la tierra -y la cama- eres tú.
No soltaría tu mano para agarrar ninguna otra. Ni siquiera la mía propia.
Me dejaré crecer hasta que la altura resulte algo ridículo.
No dormiría nunca más, sólo por mirarte dormir.
Me desviviría en honor a tu respiración.
No tocaría a ninguna otra.
Te amaré para siempre, aunque no crea en el para siempre.
No dejaría de amarte jamás.
Me aprenderé de memoria el color de tus ojos.
No olvidaría nunca el verde marihuana que flota sobre tu cabeza.
Me convertiré en aire sólo para rozar tus pulmones.
No sabría vivir sin existir dentro de tu propio cuerpo,
y todo esto por lo bonita que te veías bajo la luz de la lluvia.
sábado, 23 de agosto de 2014
Te desnudé sin quitarte la ropa.
Desde el día uno que no hay otro cuerpo que no sea el tuyo.
Cómo pensar -o llegar a imaginarme- que sea otra piel la que toca la mía.
Incluso, cómo poder tocar a alguien que no seas tú.
Pienso en ti y es como si no existiera nadie más.
Y es que eres la única que me ha tocado así.
Electrocutando mis poros.
Dándome frío y calor, cosquillas y tranquilidad,
todo al m i s m o tiempo.
Son tus besos los que despiertan todo de mi,
y tu lengua el afrodisíaco más potente.
Qué sería de mi, sin tu saliva en la mía,
sin tu respiración haciendo respirar mis células,
sin tu calor humedeciendo toda mi biología.
Es por tus huesos y por tu carne
que dejaría hasta la última gota de agua en mí cuerpo,
secaría por ti todo mi sistema,
porque eres sólo tú
quien puede volver a llenarme
del delicioso líquido llamado deseo (por ti)
que corre por mis venas.
lunes, 18 de agosto de 2014
domingo, 17 de agosto de 2014
Que los que matan se mueran de miedo.
Cada cierto tiempo, movilizo mis recursos cognitivos y hago el ejercicio de pensar qué me da miedo, de qué cosas he tenido sustos. Cuando era más chica, me asustaba mucho la oscuridad. Cuando fui más grande, tuve miedo de parecerme a mi mamá. De no ser lo que quería ser, y mucho susto de no ser lo que esperaban de mí. Pero lo superé. Después, tenía miedo de estar sola, de no encontrar gente que me entendiera realmente, de no tener gente que aceptara lo que soy. Tuve susto de que él nunca se fuera de mi vida, y ya se fue - menos mal -.
No tuve nunca un miedo más grande que el de perder a mi abuela. Y ya pasó. Sobreviví.
He tenido susto de no encontrar el camino correcto. De irme, y no saber volver. De no encontrarme, de no dejarme encontrar.
En muchas ocasiones he tenido miedo de equivocarme. De hacer las cosas mal, y después no poder arreglarlo.
Ahora, tengo miedo de ser el tipo de persona que los otros buscan sólo cuando necesitan algo. Tengo susto de ser alguien para ser usado. No quiero ser esa que sólo está cuando pueden obtener algo de mi. Tengo miedo de dar más de lo que recibo, me cuido de no caer en el egoísmo, pero hoy tengo susto de que las cosas no sean recíprocas. Ya no sé si soy capaz de recibir menos de lo que espero, y tampoco sé si podría dejar que me den más de lo que puedo devolver. Pienso en Sam en If Only, y diría lo mismo. Yo, no quiero ser adorada: quiero ser amada. Y quiero ser considerada.
sábado, 16 de agosto de 2014
A veces no sé qué significa amor.
Te hubiera escrito, por ejemplo que hoy veía a dos personas besarse y yo quería que fueras tú buscando mis labios. Que caminé detrás de una pareja, y yo quería que fueras tú agarrando mis manos.
viernes, 15 de agosto de 2014
domingo, 10 de agosto de 2014
El olvido recordó y la oscuridad se iluminó,
No sé si uno a veces se olvida de recordar algo, o nos acordamos del olvido. Lo notamos y está ahí.
A veces no sé qué es el olvido. No sé si será una etapa, un proceso completo, o quizás una meta.
Sé
que olvidamos para protegernos. Que alejamos de la conciencia todo lo
que pueda dañar nuestro aparato psíquico y dañarnos a nosotros. Pero qué
pasa si no quiero olvidar. Si no quiero olvidarte, si no quiero dejarte
fuera de mi día a día. Y yo no sé, por qué ahora me cuesta un poco más
acordarme de ti.
Lo único que podría
decirte hoy, querida vieja, es que olvidarte (y perderte) ha sido lo más
difícil y doloroso que me ha tocado vivir, y por lo mismo es que a
veces evito pensar en ti.
miércoles, 6 de agosto de 2014
martes, 5 de agosto de 2014
domingo, 3 de agosto de 2014
La imagen depende del ojo con que se mire.
El jueves tenía que salir muy temprano, recorrer un trayecto que por lo menos me exigía dos horas de transporte. Abrí la puerta de mi casa en el momento exacto en que empezó a llover. Tomé un colectivo al metro. Caminé dos cuadras y bajé al subterráneo. Hice combinaciones y llegué a una estación intermodal donde en mi perra vida había estado. Perdí el bus y esperé uno por quince minutos. Me bajé y perdí el que debía tomar después. Me bajé mal, y caminé casi dos kilómetros al lado de la carretera, con los camioneros haciendo tronar sus bocinas. Sudé y llegué quince minutos tarde. Putié y maldije al mundo, mientras me perdía entre los números desordenados de las construcciones. Le pedí ayuda a un señor en la calle. Mi entrevista duró menos de 20 minutos. No sabía volver a mi casa. Crucé la carretera, y se me pasaron dos buses. Venía contenta porque creí que me había ido bien. Llegué a la plaza de armas de un pueblito, caminé quince minutos buscando otro bus que me sirviera para volver a mi casa. Me pude venir sentada todo el camino. Se subió un payaso que me hizo reír. Me bajé y caminé.
Por lo menos ahora, conozco San Bernardo.
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