Cada cierto tiempo, movilizo mis recursos cognitivos y hago el ejercicio de pensar qué me da miedo, de qué cosas he tenido sustos. Cuando era más chica, me asustaba mucho la oscuridad. Cuando fui más grande, tuve miedo de parecerme a mi mamá. De no ser lo que quería ser, y mucho susto de no ser lo que esperaban de mí. Pero lo superé. Después, tenía miedo de estar sola, de no encontrar gente que me entendiera realmente, de no tener gente que aceptara lo que soy. Tuve susto de que él nunca se fuera de mi vida, y ya se fue - menos mal -.
No tuve nunca un miedo más grande que el de perder a mi abuela. Y ya pasó. Sobreviví.
He tenido susto de no encontrar el camino correcto. De irme, y no saber volver. De no encontrarme, de no dejarme encontrar.
En muchas ocasiones he tenido miedo de equivocarme. De hacer las cosas mal, y después no poder arreglarlo.
Ahora, tengo miedo de ser el tipo de persona que los otros buscan sólo cuando necesitan algo. Tengo susto de ser alguien para ser usado. No quiero ser esa que sólo está cuando pueden obtener algo de mi. Tengo miedo de dar más de lo que recibo, me cuido de no caer en el egoísmo, pero hoy tengo susto de que las cosas no sean recíprocas. Ya no sé si soy capaz de recibir menos de lo que espero, y tampoco sé si podría dejar que me den más de lo que puedo devolver. Pienso en Sam en If Only, y diría lo mismo. Yo, no quiero ser adorada: quiero ser amada. Y quiero ser considerada.
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