Arrastro una pena inmensa. Se sienta a los pies de mi cama, volviéndola cada vez más fría. Y a mi. Le doy forma y la miro a los ojos. Mi tristeza es una puta, y se mete en mis sábanas sin que yo la llame. A veces la trae el vacío, otras noches me dice que se llama Soledad. Yo me doy vueltas, huyendo de sus besos. Pero este castigo es una cárcel de alta seguridad, y aún no me he podido escaparl
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