Sigo llorando cuando leo a Ernesto. Y lo entiendo, me hago parte de la duda y la búsqueda de ese amor perdido entre tantos nuevos. Y que todos los recuerdos se reciclan, y dan vueltas. Y comparas. Y piensas que nunca más vas a tener lo que tuviste. Y que la vida se detiene, y se repite, pero no avanza. Porque el desamor es la herida más grande que esconde el cuerpo. Y por mucho que uno aprenda a lamérsela solo, no sana. Y escuese. Y pica, y la costra no es costra. Y que nunca renaces, porque después ya sólo puedes creer en la muerte. Y si eso no es morir no sé que es.
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