No compartimos ni siquiera el mismo continente. La distancia es tan grande que podrían caber universos enteros entre su cuerpo y el mío, y aún así la estoy mirando. No sabe que existo. Para a mi lado sin verme. Sonriéndole a un espacio vacío. Cierro los ojos y sigue bailando. En mi cabeza, en mis oídos. Estoy de pie y no hay nadie más. El piso está pegajoso y a nadie le importa. Canta por mi voz muerta. Y yo vivo saltando, escuchando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario