Me da un poco de pudor que me lean. O quizás me da el no saber quién me lee. Cuando escucho música en lugares públicos, sólo me pongo el audífono izquierdo. No me gusta la carne. Lloro con los simpsons. Lloro con casi todo. Me desmorono de a poquito y sin que se note. Me gusta dormir con la ventana abierta. Odio un poco a los gatos. A veces sueño cosas que pasan. Todos los martes me duele la cabeza. Amo la lluvia. Después de bañarme, paso mucho rato sólo envuelta en la toalla. No uso el mismo shampoo dos días seguidos. Canto cuando manejo. Tengo tantos calcetines para me alcanzan para mes y medio. Soy pesimista envuelta en piel de positiva, como el lobo. Escucho grupos que casi nadie conoce. Estoy enamorada del tatuaje de Eva Amaral. Le tengo más miedo a sentirme sola que a la soledad misma. No creo en la perfección. Y huyo de ella. Soy tan políticamente correcta que me hago daño y me desgasto. Me molesta que me hablen cuando entro al baño o que me hablen desde el baño. No soporto el dolor en los ojos. Mi sueño frustrado es aprender a tocar algún instrumento. Tengo una fijación con los bajistas y me da pena que todos piensen que son guitarristas frustrados. Siento mucha vergüenza de que me vean en pijama. No sé vivir sin chocolate. Me gusta pensar que soy buena persona. Me pinto las uñas todos los domingos. Digo garabatos cuando manejo. No me gusta que me toquen la espalda en el metro. Prefiero las cosas en números pares. No sé bailar. Le temo a las polillas. No me gusta tener los pies calientes. Me pierdo en los cementerios. Me cuesta mucho decir que no. Me da pena que mis ex compañeros de colegio se estén casando. Y no sé si es porque no me invitan, o porque creo que yo nunca me voy a casar. Ya sé que nunca he sido tu princesa.
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