domingo, 27 de octubre de 2013

Te perdí por pensar que te tenía.

jueves, 24 de octubre de 2013

Oda al vómito.

Oh vómito, llegaste y me diste mucho asco.
Oh vómito, oh vómito, oh vómito.

No puedo escribir odas, pero puedo decir que ojalá uno pudiera vomitar la pena. O quizás vomitaba por pena. Se supone que el síntoma es la solución que encuentra el aparato psíquico entre impulso y defensa; y que al mismo tiempo, el síntoma te evita un sufrimiento mayor. Si existe el alma, la vomité hoy.

Latir.

Mi corazón late como si estuviera solo, como si estuviera sólo él dentro de mi. Es como si no tuviera ningún otro órgano. Mi corazón late y es hermoso. La distancia entre un latido y otro es cada vez más grande, es como si pudiera encontrar el último de ellos.

El amor de mi vida es un pacto.

Yo tenía 17, y él tenía 19. Ese año, se había ido al sur para convertirse en ingeniero. Era marzo. Yo no lo quería, pero él si me quería a mi. Me quería tanto que me llamaba 307 veces al día, me veía conectada en algún lugar y me llenaba de mensajes, incluso me llegaban los mensajes de texto por docenas al celular. Estaba tan lejos y a mi no me importaba. Estaba tan cerca, que a mi tampoco me importaba. Era compromiso. Él y yo. Yo y él. 
Chiquillo bueno. Sano. Tranquilo. Amoroso. Perfecto para padres, aburrido para mí. Prometedor. Buen futuro. No fuma, no bebe y juega tenis. Sabe más de números que todos nosotros juntos. Sus papás son sus amigos en Facebook. Pone fotos de sus abuelos, del campo de sus abuelos, montando caballo y cosas así. Ahora que me acuerdo siempre me prometío una vaca. 
Él quería casarse conmigo. Yo no quería casarme con él. Nadie me obligaba a estar con él, pero en el fondo, funcionábamos como un pacto casi infantil. Él se preocupaba por mi, y yo hacía de su polola frente al mundo. Así aprendimos que la vida no es justa, y que cada uno nunca recibe lo que se merece. 

Me a b u r r í   de ti, le escribo. Acto seguido, termino la relación por Facebook. Por qué pregunta, ya no te quiero respondo. No vuelvo a hablarle. Él es el último hombre con el que estuve. Es mi karma ahora, supongo. 
Cristian siempre ha sufrido por amor. Como yo. Y nunca supo, que lo que no soporté jamás, era que sufría más que yo. 

Ahora igual lo recuerdo. Y él nunca se ha olvidado de mi cumpleaños.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Los corazones rotos se curan. Los corazones protegidos, terminan converditos en piedras.

lunes, 21 de octubre de 2013



Sé que es un momento difícil, empiezo. Y ya lloras. Lejos, distante. En cuerpo y alma. Más lejos. El dolor cruza todas las señales y siento como se mojan mis hombros con tus lágrimas. Creía que yo estaba destruída, pero hace por lo menos tres años no escuchaba la intensidad de ese llanto. Y es un llanto que está fuera de mi cuerpo, pero también nace y muere en él. Hay cosas que duelen. Pero el dolor más grande está ahora en Puerto Montt. En un cuerpo apuñalado. En un cajón de madera. En un cementerio, a cientos de kilómetros de aquí.

sábado, 19 de octubre de 2013

Elegir.

Se puede elegir vivir del placer o vivir de amor. Y no del amor.
Vivir de amor implica vivir con el placer del amor mismo, de la tristeza, el orgasmo, el calor y el dolor.

            pero vivir del placer no lleva casi nunca a vivir con amor.

Las noches son eternas y duran 17 horas. Pero no importa, porque tampoco soporto la luz, ni la gente, ni sus sonrisas.

jueves, 17 de octubre de 2013

Redención.


El auto a 140 kilómetros por hora. Cinco mil pesos en bencina y llegar hasta donde aguante el estanque. Bajar a Pirque, sentarse en un río. Mojarse los pies mientras los zancudos pelean por robarme sangre. Mirar el cielo oscuro y libre de cables, la quinta luna llena desde que se fue. Pero ya no importa. La distancia parece ser tan grande que ya da igual. Me tiemblan las manos, los brazos, las piernas. En vez de cuatro, tengo dieciséis ojos. Que baje dios y me entregue la luna, porque no tengo luz. O que venga mi Abuela y me entregue una estrella, porque dios no me ama. Que no me toquen, que no me hablen, que no me miren. La cara me delata.
Nací desprejuicida. Desorgullosa. Y tonta. Así me hicieron, así me criaron. Abuela siempre dijo que todos merecemos otra oportunidad. ¿Pero qué pasa, vieja, qué pasa si se me está rompiendo el corazón? ¿Qué pasa si estoy repartida en mil doscientos pedazos? Dime qué pasa si me duele tanto el alma que no puedo ni mirarme en el espejo ni mirar a los ojos a nadie. Dime, qué cresta, qué mierda, qué chucha hago. Que viaje tu alma y me cuide. Que me tomes, que me agarres los ojos y te vayas. Que dios, que el que sea o lo que sea existe te deje acompañarme. Que se apiaden de mi, una vez. Que no me de suerte, que no me de vida, que no me nada. Sólo tu alma. Tu alma de abuela, de madre. Tu alma de protección y espantacuco.
Que no me dejen llorar más, que no quiero perder los ojos. Que venga mi mamá y me pegue, ahora. Que me pateen en el suelo. Que me despierten. Que me dejen caer. Que me dejen arrastrando la vergüenza. Que mi dolor los salve a todos, que el mal de mi alma haga cicatrices sobre las que ya tengo.


Aquí, junto al mar, aquí esperaré al sol
que me traiga la paz, que me dé su perdón.

Bailemos juntos, hasta que despierte el sOl.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Just that.

Es sólo que odio despertar y no verte. No desayunar y tener hambre. Es sólo que no soporto que hoy ningún camino me lleve hacia ti. Es sólo que quiero patear la distancia, llenarla de piedras y subirme. Saltar. Y estar a tu lado. Es sólo que las horas, los días, las semanas se hacen eternos. Que no me aguanto por volver a escuchar tu respiración y tocar tus labios. Es sólo, que lo que más odio en el mundo, es no poder verte cuando quiero. Ni cuanto quiero. Y que llegue la noche sin la promesa de verte mañana.

jueves, 10 de octubre de 2013

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Dormir poco e incluso menos de lo necesario. Dormir lo suficiente para poder mantenerse en pie, aunque a veces los ojos piden a gritos descanso. Caminar por calles distintas para no encontrarse con fantasmas ni con recuerdos. Cruzas las esquinas que tienen historias vivas. No mirar el semáforo. Cruzar las calles por inercia, siguiendo a los demás. Tomar el metro y esquivas las miradas de todos. Y de todas. Olvidarse del día, del mes, del año. Tener dificultad para recordar el propio nombre. No reconocerse en el espejo. Mirarse y no encontrar lo que uno era, lo que uno fue, lo que uno es. No saber lo que uno será. Vivir con trozos de uno pero sin uno. El todo es más que la suma de las partes, ¿pero qué pasa si no tenemos partes?
Tomarse el café con sal. Saltarse la hora de almuerzo. Evitarla, en verdad. Llenarse de trabajo, de cosas por hacer. Desocuparse. Buscar excusas para no volver a la casa. Caminar lento. Caminar dos, cinco, diez estaciones de metro. No tomar micro, ni colectivo, ni taxi. Decir que no cuando ofrecen ir a buscarte en auto. Caminar al sol. Tener poco cuidado. Esguinzarse el pie. Llorar en la mañana. En la ducha. Al salir de la casa. Caminando. En los ascensores. En la escalera. En la escuela y en el olimpo. No poder tragarse ni el té. Usar la quinta parte de la cama, porque todo lo que queda lo usa Tristeza.
Siempre digo que no sirvo para ser triste.
Pero a veces, vivo tan triste, que ni me doy cuenta cuando dejo de estarlo. O cuando lo estoy. O cuando me abandona. O cuando llega y despierto gritándole - en pesadillas-.

martes, 8 de octubre de 2013

Pies.


El amor no es amor si uno no ama los pies de la otra persona. Eso creo. Porque en el fondo - y al final - son los pies los que mueven a una persona. Son sus pies los que lo trajeron a ti, los que le hacen caminar contigo y a tu lado. Son sus pies que le llevan a buscarte. Son los pies, los que han estado todo el camino.

lunes, 7 de octubre de 2013

Quisiera ser olvido para nunca recordar.

        Quisiera ser brisa, y así acariciar la vida una vez más.