lunes, 21 de octubre de 2013



Sé que es un momento difícil, empiezo. Y ya lloras. Lejos, distante. En cuerpo y alma. Más lejos. El dolor cruza todas las señales y siento como se mojan mis hombros con tus lágrimas. Creía que yo estaba destruída, pero hace por lo menos tres años no escuchaba la intensidad de ese llanto. Y es un llanto que está fuera de mi cuerpo, pero también nace y muere en él. Hay cosas que duelen. Pero el dolor más grande está ahora en Puerto Montt. En un cuerpo apuñalado. En un cajón de madera. En un cementerio, a cientos de kilómetros de aquí.

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