martes, 10 de noviembre de 2020

nov 9

 

En la vida, hay mas lugares que tiempo. Y pasa lo mismo con las personas: tenemos más personas, más amor, más momentos, que tiempo. Porque nuestro tiempo, nuestra estadía en la vida resulta limitada. Creo yo que esa es una de las grandes características de nuestra familia, el amor a través del tiempo. El conocernos, el sabernos y así mismo hacernos perdurar, sobrevivir. Y quisiera poner énfasis en esta palabra, porque a veces uno cree que sobrevive el que sigue vivo, pero a decir verdad, nosotros hemos sido capaces de seguir manteniendo con vida a quienes ya han partido, incluso a quienes no alcanzamos a conocer. Y esto es una gran evidencia del amor infinito en el que vivimos y en el que hemos sido enseñados, en el que nos hemos desenvuelto. Ya han pasado 10 años desde que la Zunita no está con nosotros, y a pesar que se siente su ausencia, y sigue doliendo, nosotros seguimos manteniendo los recuerdos con ella, pensándola, haciendo cosas por ella. Cada uno de nosotros, tiene sin saberlo, algo de ella, un gesto, una característica, un parecido físico, o su simpatía, como es mi caso; y si lo pensamos bien, cada vez que hacemos algo por alguien más de la familia, cuando nos demostramos lo que nos queremos, cuando nos apoyamos, cuando alzamos una copita de vino, cuando estamos ahí, también lo hacemos con ella y para ella. 

Hay un autor, Benedetti, que dice que la muerte es incluso peor que el exilio. Que uno se deja a uno mismo, que es un extraño, un intruso en su propia vida. Y yo también creo eso, y muchas veces me veo viviendo así: sintiéndome ajena, sintiéndome privada por una ausencia que a veces parece más grand que cualquier otra cosa. Y entonces uno tiene que preguntarse cómo están sus fantasmas, cómo siguen los dolores. Y lo bonito, lo rescatable o lo que a mi me calma un poco es pensar que ese desenlace natural, ese final obligatorio que es la muerte, tiene siempre algo de regreso. Vuelta a la tierra nutricia; vuelta a la matriz de barro, de nuestro barro, que nunca va a ser igual a los otros barros del mundo.Y que puede que tenga un lado muy oscuro, pero también puede tener algo de mucha claridad, y lo que yo mantengo es su sonrisa, que nunca se me va a olvidar, en su abrazo, en su orejita suave, y como cada vez que los miro a ustedes, que los escucho a ustedes, cada vez que abrazo a mi mamá, también la rescato a ella y la sigo manteniendo viva. Y es algo que no quiero olvidar nunca, porque la amo más que nunca hoy, pero también la amo para toda la vida y para todas las vidas.

 

miércoles, 10 de junio de 2020



A veces vuelve a escocer esa herida profunda y que tantas veces parece escondida.
Y entonces pienso que si te creo. O que en algún rincón de mi hay algo que te sigue creyendo.

lunes, 9 de diciembre de 2019

Un gran vacío



Es mi cabeza parece tan fácil articular el argumento y cuando trato de sacarlo, de decirlo e incluso ahora, tratando de escribirlo, pareciera que todo fuera un caos. Un desorden monumental, una maraña. Y así me siento, como un montón de partes, de piezas que se entrecruzan y se enredan, entonces termino siendo una cosa espesa y blanda al mismo tiempo. No sabría cómo explicarte mi tristeza, que no es sólo de hoy; no sé cómo decirte que estoy mirando una herida abierta, una herida que es vieja. Que sé que tú no eres así, pero no logro separarme de la idea de abandono. Que todas las otras idas, que todas las otras personas, todos los otros trozos, están todos ahí. Y qué tú llegas más profundo. Cómo te explico lo último sin generarte daño a ti tampoco. Les digo a todos que logro entender lo de los días; eso que el tiempo es relativo y por lo general termina yéndose rápido, que lo que parece tan largo -tan terrible-, puede que suceda y apenas se note. Pero es la desesperanza aprendida lo que duele, lo que se me clava en los ojos, lo que me engaña. Le tengo terror a tu vacío. A esos lapsos grandes sin ti, sin tus besos. No sé cómo vivir estirando el brazo y no ser capaz de tocarte. Y me veo tratando de armar(me), moviendo cosas, buscando qué hacer para llegar a ti, cómo lograr no salirme de tu lado.

jueves, 18 de julio de 2019

A hard day's night.



La veo en el suelo de un baño de un bar cualquiera. Diría cualquiera, pero era mi bar favorito. Abusando de un pretérito pluscuamperfecto y colgándose de todo lo que termina antes de que acaben de suceder(se) las cosas. La veo ahí en la ausencia, apoyo la cabeza en la pared fría y de pronto estoy viendo todo lo que no quiero ver. Entonces, miro y siento a otra cayéndose del balcón, después de que la droga le hizo creer que podía caminar y evitar la gravedad; me vi de niña rogándole a mi papá que abriera los ojos mientras conducía, luego de que la cerveza le arrojara el sueño. Lo vi quebrando huevos, lanzándolos con la muralla porque no se podía seguir con la borrachera. O a mi abuela muerta, después de una resaca mal cuidada. Y vuelve entonces el demonio del coma etílico, el riñón explosivo, la mano en el aceite, la caída de un vehículo en movimiento, los desmayos en el metro. 


Los fantasmas se alimentan entre ellos y se hacen más fuertes.

miércoles, 13 de marzo de 2019

¨
Empiezas a desaparecer y te difuminas.
De a poco de vas borrando y entonces
luchas.
Ahora decides luchar.
Y lo haces tanto,
queriendo sólo
mantener
tu
presencia
in
tac
ta.
Pero no.
No.
Ahora hay cosas que no puedo permitirme.
Ni permitirte.
Y luego de estos (d)años mutuos.
Porque convengamos que nadie sale con el corazón entero,
el trozo ausente que más duele en el mío
es que no me acuerdo de tu risa.

viernes, 16 de noviembre de 2018



Quiero hablar de mí y sólo de mí en este egoísmo desbordante. En este dolor incontrolable que no sé de dónde viene, pero existe. Yo también me canso de mí misma y me ahogo. De ti, de mi. De ella. Me persigue un pasado ausente. Y no. Quiero volver a hablar de mi. Y aún así quiero seguir contándote, a través mío del dolor tuyo. Porque no concibo mi herida sin la tuya. O la herida tuya sin que me toque a mi. Y vuelven las pesadillas. Y los temas recurrentes. Y yo también sé -y a veces extraño- todo lo que no puedo tener. Lo que no tuve, lo que no tengo y lo que no tendré. Lo que es incompatible conmigo misma. Y con esta soledad asistida que a veces extraño o me la quiero arrancar.

sábado, 5 de mayo de 2018

in-quietud.

Hablemos de ti y de mi. De mi transitando el mundo, encendiendo las luces -las tuyas- y apagando las mías. De los altos y bajos, de los tuyos que no se elevan demasiado. Quizás por miedo a la caída, supongo. De los míos, exorbitantes, inmensos. Porque creo que merece la pena llegar tan arriba aunque sea un instante. De los domingos y las mañanas. De tu cuerpo contra el mío, jamás haciendo peso. Y el mío si, asfixiándote. Hablemos de hoy. De mi cama vacía -pero no tan fría-. Del invierno que no anuncia su llegada, y un otoño que tímido se asoma y no ha iniciado su paso. Por qué fue que el verano se quedó estancado y con eso nuestra estación más lejana y menos favorita. Hablemos de tus idas y venidas, de mis intentos por ir a buscarte. Por mi prisa en contestarte, y la calma con que tú de lo tomas. De las horas en que no piensas en mi, y que me ocultas bajo excusas que no comparto pero que intento comprender. Hablemos de los círculos cerrados. De las vueltas caprichosas, los espirales y los caracoles. De lo cotidiano. De tus brazos abrazándome con esfuerzo. De que quizás te quedo grande. Que desde mi manera de habitar el mundo no logras abarcarme. O viceversa. De mí ahogándote. De esta sobredemanda que puso peso a tu libertad. De los lugares en que quise existir y fueron un oasis. Que los momentos en que me sentí tuya y parte de ti duraron todo lo que tardas en destaparte por las noches. Hablemos de mi pidiéndote que iluminaras mi oscuridad, cuando empiezo a descubrir(me) otras luces. De mi incapacidad de volver a encenderte. De mi cansancio y del tuyo. Del disfrute y del goce. De esta sensación de no querer dejarte nunca y al mismo tiempo no saber coexistir al lado tuyo. De ti reclamándome por Soledad, tirándomela a la cara de frente y atándome de manos -y decisiones- para poder enfrentarla. Hablemos de las flores marchitas de mi pecho. De la belleza nuestra y la del otoño tímido. De las brisas preciosas que recuerdan que el frío y el calor también se hacen el amor. De la hermosura de esta calidez tan helada. Del momento de silencio que antecede al ruido. O la quietud después de la explosión. Del ya no saber qué es causa y consecuencia. Este desorden mío. De mi no saber, de mi no actuar.

viernes, 2 de febrero de 2018

Ketoprofeno




Hace calor y no tengo sueño. O tengo sueño pero no puedo dormir. Hay jinetes apocalípticos retumbando en mi cabeza. No sé si es segundo o tercer día de jaqueca -que menos mal ha sido un poco intermitente-. Despierto en el engaño de que el dolor quedó atrás. Pero no. Será el ruido, la temperatura, los gritos de mis primos. Hasta la máquina que recibe la chatarra que quedó del incendio de la esquina me molesta y lo escucho al lado mío. Con eco. Entonces cierro los ojos sólo para tener pena. Y este dolor que une mi cabeza con un lugar en mi pecho. Todos mis pensamientos tristes cruzan en un puente bidireccional, cultivando esa idea/sentimiento de exclusión.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Perseida.



Me agobian estas noches de desvelo.
De oscuridad.
Con cama grande y un vacío enorme.
Que el cambio de hora,
la m e n t e
o lamentos.
Pienso tanto que mi sinapsis parece deporte neuronal.
Duermo poco.
Duermo mal.
Sueño extraño.
Tragedias
abandonos
ahogos
olvidos.
Y entonces te espero.
Te espero tanto,
que cierro los ojos
para imaginar tus labios
-que me sé de memoria-
porque
en ti
contigo
a tu lado
teniéndote
teniéndonos
sabiéndote
es la única forma
sólo así
apaciguo mis monstruos.

sábado, 12 de agosto de 2017




Cuando es esta hora y sólo puedes estar muy triste.

sábado, 5 de agosto de 2017

Sometimes.


A veces, estás tan triste que ni la madrugada te consuela. Y respiras frío, tanto que duelen los dientes, y no eres capaz de absorber ningún calor. Aún así, cuando tu piel se está quemando sigues helada. Nada me inmuta. Mi casa se vuelve a caer, escucho los gritos pero nunca me levanto. 

A veces, estás tan triste que ni el día te despierta. Y no sales del letargo. Tanto, que te adaptas al insomnio. Y nunca puedes abandonar los trastornos del sueño. Nada me apaga, nada me ilumina. Veo la luz por la ventana, pero sólo le doy la espalda.

viernes, 23 de junio de 2017




No me gustan los días en que la vida se me hace a una canción de Carlos Sadness y me quedo con la impresión de haber estado sentada. No me gusta este ahogo y que no llegue el aire. No me gusta esperar. No me gusta quien soy cuando espero. No me gusta que me esperen. Pero lo que menos me gusta es pensar con tanta certeza, que si sigo esperando, no habrá nadie que venga por mi.

lunes, 12 de diciembre de 2016



Yo sólo quería que te volviera la inspiración. Que me vieras como siempre quise. O debiste. Y escucharte cantar una vez más, una canción que te queda demasiado baja. Y que tu voz parezca de inframundo. Y de pronto, tan aguda que no pueda oírte. Quiero ver tu melena brillar. Como nunca. Que me busques y que yo ye busque. Cómo decirte que no dejo de extrañarte. Que me estoy recuperando y que sólo quiero volver por ti. Que sólo te amo a ti. Que sólo, contigo lo que quiero todo. Mi amor: estoy aquí.

jueves, 8 de diciembre de 2016

La sinceridad de los suicidas.



Basta con que tú aparezcas en cualquiera de tus formas, para que yo, ya esté llorando. Me hubiera muerto tantas veces por sentirme tan importante como lo haces ahora. Hubiera querido tanto tener el papel que me pintas ahora. Con los sueños, las ideas, las esperanzas. Y no haber escuchado tantas veces que ya habíamos llegado a tope. Mientras a mi me gustaba creer que no teníamos límites. Que no existía nada que no pudiéramos hacer. Creía tanto. Y ahora no sé: que si, que no. Y no es que no lo tenga. Es que lo tengo escondido. Estás tan dentro mío, pero tan adentro que no puedo dejarte salir. Y entiendo entonces, que tenemos que volver a brotar. Que yo, tengo las raíces. Pero que tenemos que esmerarnos por cuidar y atender bien la flor. Tú tráeme el agua. Yo, procuraré cuidar la tierra. 


Estoy aquí.

martes, 4 de octubre de 2016

Pero brillé




Después de ti, la vida se ha vuelto una cosa oscura y pegajosa. A ratos -extraños y escasos- muy brillante. Llena de luz, de esa que encandila y no deja ver más allá.
Después de ti, las mañanas son inmensamente terribles. Y las noches terriblemente inmensas. Tengo esta puta sensación constante de que no quepo en ninguna parte. Todo me queda grande. Incluso, yo misma. Hay días que no puedo ser más pequeña. Y hay otros que soy tan grande que cualquier rastro de ti, es minúsculo. Pero es mentira. Lo abarcas todo. ¿Cómo fue que te quedaste conmigo, y yo no me di cuenta? 


Decidí apagar(me) la luz.
La semana completa se volvió un trapecio.
Del que me cuelgo de lunes a viernes
rogando por el fin de semana.
Y después esperando que regrese el lunes.
Que entre la tristeza y todo este
v  a  c  i  o
no me encuentro.
Hay pedazos de ti por todas partes.
Y partes de mi en todos los pedazos
(que conservaste)
¿Por qué no te quedaste conmigo
en lugar de seguir
con
-minúsculos-
trozos de mi? 
Desde que te fuiste
no consigo volver a volar.
Mis pies están tan atados al suelo
que ahora creo en la gravedad.
Podría contarte, también,
que aprendí a rezar
y he pasado
unas
vacaciones en el infierno.
Todo porque tu risa
ya no está con mi risa.
Por la Puta 
-bien PUTA- madre.
Cómo echo de menos tu risa.
Aunque ahora dudo si alguna vez te escuché reír.
Tengo miedo de haberte provocado 
más llantos
que otra cosa.
Me acordé del calor
de la casa en invierno.
Vengo con una maleta
llena de vivir sin ti.
Se hace de noche otra vez.
Y yo vuelvo a casa
con las manos vacías de orgasmos.
  Intento atrapar el sueño,
y no lo consigo.
Mientras tando
decidí apagar(me) la luz.

Pero brillé. 

viernes, 15 de julio de 2016






Eres todo lo que desconozco. 

Y yo soy todo lo que no sé. Cómo se puede ser algo que no se siente. Sentir antes que ser. Ser después de sentirnos. Me esfuerzo por encontrar el orden correcto. Y ni siquiera lo adivino. Me desvivo por eso. Si acaso se puede seguir sin caminar. O para qué seguir andando si no puedo avanzar. La vida me estanca y creo que estoy empezando a crear musgo. Floto inerte y nunca fui el centro del lago. 

·

Desconozco todo lo que eres.

 Sabes todo lo que soy. Asumimos de inmediato que somos un juego peligroso. Pero pasa que tú sientes todo lo que puedo ser. Y yo te atravesé con la mirada para saber que estabas ahí. Mi fuego en tus mejillas nos hizo reales. Y tus cosquillas en mi estómago nos llevaron a otro mundo. Repito: somos un juego peligroso. En una dinámica interesante no soy yo la que trae las preguntas ni tú quién tiene las respuestas. Nos ahogamos en aguas tan tranquilas que la inmersión no parece posible. Y nos miramos sumergidas, esperando a ver quién se sofoca primero. Quién vuelve a inhalar. Lo triste de esta historia que encontramos alivio respirando en otros aires. En otros lagos.

lunes, 30 de mayo de 2016

chasing cars



La vida me parece como el mito de Hades. Voy en un auto y sólo pienso que somos un montón de almas perdidas. Y que estar perdido es peor que estar muerto. Almas que no son capaces de reconocerse ni encontrar consuelo. Y que el único destino es seguir vagando, buscando algo que no se podrá encontrar. Entonces me pregunto, si uno se merece eso. Que por qué nos merecemos este dolor.

sábado, 30 de abril de 2016

mírame bien




El desastre lo llevo por dentro. Y en los ojos. No sostengo la mirada y es que me desarmo. Hay trozos de mi por todas partes. No me doy ni cuenta y no veo más que arena. Se me mete en los zapatos, como esa canción de los Fitipaldis. Quiero decirte, pedirte con todo mi corazón, que no te preocupes más por mi. Pero cómo, si no sé cómo salir. Ni como decir(te) que no.

lunes, 18 de abril de 2016




No ibas a cambiar nada por mi. Ahora yo escribo Soledad con mayúscula.

vida de alquiler



A veces, me gusta imaginarme que tengo alas. 
Y que estas ganas de irme, se sustentan en ellas. 
Que tengo la capacidad de volar y llegar a donde quiero
- y no sólo a dónde puedo,  a donde me dejan-
 Mientras me duele la espalda de frío, me doy cuenta de que no las tengo. 
Y que, en realidad, sigo aquí. 
Donde siempre, como siempre. 
El mundo sigue sin ser mío. 
Y yo, sigo sin tener un lu(ho)gar