lunes, 30 de diciembre de 2013


Uno quema el calendario, esperando que el año que viene sea un poco mejor o quizas no tan malo. Pero para mi, este año fue tan bonito que pienso dos cosas:

1. Tengo mucho miedo de que no venga otro como este.
2. Y no sé si me atrevería a vivir otro año así.

sábado, 21 de diciembre de 2013

No me quedan tantas cosas por perder.



M vivía más lejos que cualquiera en el mundo. Hubo tanta distancia entre su cuerpo y el mío, que aparecieron dos continentes y se quedaron ahí para siempre. A M siempre le gusto mi manera de escribir. Y a mi siempre me gustó su manera de aprenderse las canciones, y su capacidad de conocerlas todas. A M no le gustaban los beatles, ni la coca cola, ni nada que no estuviera en español. Siempre tuvo una extraña manera de honrar a su patria. Con M aprendí lo de la patria, que no es el país, sino que es uno mismo. Desde ahí supe la importancia de ser leal y de serle fiel a la patria, al propio país que uno constituye. M tuvo el mismo problema que yo, pero nunca se lo dije. Me acuerdo de ella y su risa. Del acento español. De sus ojos azules. De su piel blanca y los huesos intentando arrancarse de su cuerpo. Me acuerdo de la filología, del aborto y su dolor. Me acuerdo de la fecha. Y de que en una semana, tendrías 25.

cauen del calendari els fulls i en cadasqún en sentiment més vençuts.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

En mi vida hay soledad.

Y en tus ojos, poesía.

(En casa yo te espero, en casa yo estaré)

lunes, 16 de diciembre de 2013

Todas las cosas que soñé, todas las noches sin dormir. Todos los versos que enseñé y cada frase que escondí. Y yo jamás te olvidaré. Tú acuérdate también de mi.

Nunca se para de crecer. Nunca se deja de morir.

Madre.

Madre me trata mal y se arrepiente. Madre dice que le doy asco. Madre no usa mi mismo vaso.

Pero en algún rincón de su existencia, su bondad se hizo infinita y vino a buscarme en la noche. Me escucha desde su pieza. Contengo tanto el llanto en el día, que lloro durmiendo. O será que me duermo llorando, quizás. Estoy tan comprimida que intento desaparecer, no quiero ocupar espacio. Madre me pregunta cien veces qué me pasa. Y yo no me atrevo a contestar nada.

Perdóname Mamá.

Son las doce y abro la puerta. La miro y la abrazo. No puedo decirle feliz cumpleaños, no me salen las palabras. Lloro y termino abrazándome a mí misma para que no se me escape el alma. Y así empezamos.
Madre no sabe que me perdí en el cementerio otra vez. Que me sangró la nariz de caminar tanto bajo el sol.

Madre no sabe que hoy si encontré la tumba y caí de rodillas.

Madre no sabe que hoy busqué a mi abuela, para darle gracias. Que le dije gracias a la vida, porque pese a todo el amor por mi está volviendo a su corazón.

Feliz cumpleaños María Solt.

jueves, 12 de diciembre de 2013

miércoles, 11 de diciembre de 2013

No sabes lo difícil que es respirar. Lo difícil que es dejar que mis pulmones se llenen de aire, si me faltan tus besos de por medio.

martes, 10 de diciembre de 2013

"Y aquí estoy, sentado sin la mitad de mi vida. Viendo como pasan y bailan los segundos, mirando la vida pasar. Me despierto con el sol y me pierdo con la luna.
Aquí estoy yo: con la sonrisa fingida"

Saco a pasear a mis piernas.
               (caminando duele
                m e n o s
                      la soledad)

domingo, 8 de diciembre de 2013

Que se me escape la vida y no pueda vivir sin ti.
Que se te escape la vida y no puedas vivir sin mi.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Nunca dudó que me quería a pesar de todo, pero el día que se fue no le importó dejarme solo.

martes, 3 de diciembre de 2013

Pienso en Benedetti y lo siguiente:

"Ella me daba la mano y no hacía falta más. Me alcanzaba para sentir que era bien acogido. Más que besarla, más que acostarnos juntos, más que ninguna otra cosa, ella me daba la mano, y eso era amor."

y en que todos los lugares son 
h o g a r
si ella
está
a
m
i
l
a
d
o

sábado, 30 de noviembre de 2013

No me arrepiento de morir en el intento
de bajar la luna llena solamente para ti.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Todo lo que sé, me lo enseñó una bruja.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Yo nunca voy a ser su poeta maldito
Viajar por infinitas carreteras. Conducir todos los kilómetros. Llegar a mil lugares distintos. Recorrerlo todo, hasta encontrar el lugar donde fracasé, el sitio exacto en que habitan mis errores.
- Promete que me comprarás una casa.
- Lo prometo. Pero sólo si te quedas, para siempre.

martes, 19 de noviembre de 2013

Que el mundo se acabe.


Una vez te dije, después de un temblor, que si el mundo se acababa estaba contigo. Y te reíste de mi.

y s u p o n g o que no e n t i e n d e s el (sin)sentido de mi frase.

Puede caerse, romperse, quemarse, ahogarse, o explotar el mundo y yo iba a estar a tu lado.

Puede desvanecerse todo, y seguir junto a ti. Puedo romperme completa, puedes romperme completa y pueden romperme completa, y aquí estaré. Porque no sé si soy fuerte, altruista o masoquista pero tengo un algo que no me deja rendirme. Nunca. Pueden quitármelo todo, o puedo perderlo todo, y seguiré aquí -mientras seas tú la que no me quite nada-.
Puedo quedarme sola. No ver a nadie en días. Puedo no salir, no comer ni levantarme. Puedo vomitar y sacarme el alma y no sacarte a ti. Puedo llorar y llorarlo todo. Y no saber si lloro por abuela, por madre, por cansancio, por la distancia. O no entender si lloro por mí, por ti, o por lo que me haces. Puedo no distinguir mi llanto y no reconocer que lloro por tenerte lejos o porque mis heridas y sus intentos de cicatrices gritan tu nombre. Puedo no reconocer que te lloro en las noches, las madrugadas, las mañanas, antes y después del desayuno. Que -incluso- te lloro en ayunas y cuando sigo vomitando de llenarme para no tener vacíos. Puedo no decirle a nadie que lloro caminando, de ida y de vuelta. Que no se entere ninguno que mis ojos ya no son ojos y que llevo tanto tiempo con estas bolsas que no recuerdo como es ver sin tenerlas.

Puedo llevar 34 días llorándote.
Odiando y
a m á n d o t e.
Asustántome.
Puedo llevar seis lunas llenas.
Muriéndome. 
Contigo.
Por ti.
En tu ausencia.
Esperándote.
Pero si yo me muero -y que
quede
c l a r o -
me muero de pie.
Y contigo.


lunes, 18 de noviembre de 2013

Cuando se cierran todos los cuadernos, los dientes y el cuerpo están limpios, y se han apagado todas las luces, sólo entonces se puede llorar. O hay un poquito de tiempo para hacerlo.

Voy buscando la manera.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Maktub

Leo humanismo y existencialismo y me voy a la mierda. Pienso en logoterapia y la búsqueda del sentido. La autorrealización, en vivir ahora, en vivir en el presente. No sé en qué momento empezó a hacerme daño la psicología humanista.
Pienso, pienso, pienso.
¿Qué pasa si no hay nadie? ¿Qué pasa si vives toda una vida, y nadie te espera?

Qué pasa si nada tiene sentido, qué pasa si siempre todo es lo mismo. Qué cresta pasa, si nada cambia. Qué pasa si se frena la autorregulación, si no hay autoactualización. ¿Qué pasa si no conseguimos la equifinalidad? 

Una película dice: “Nada ocurre que no esté escrito, hay que dar tiempo al tiempo”. Pero si no hay tiempo?

sábado, 16 de noviembre de 2013

Yo buscaba el cielo en tu mirada y nunca sabré lo que encontraste tú.

Que te traigan flores las mañanas.

Que no pases noches sin dormir.

Que el sueño se pose en tus pestañas.

(Que uno de esos sueños me sueñe a mi)

martes, 12 de noviembre de 2013

No es perfecta.
 Más se acerca a lo que yo
s i m p  l e  m e  n t e  
soñé.                              

lunes, 11 de noviembre de 2013

Las semanas pasan por mi cuerpo y por mis ojos.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Las penas rondan el mundo con caras hambrientas buscando corazones para devorar.

Lo que aprendí.


He aprendido a recorrer grandes distancias sola. También a comprar pasajes, estar horas sentada y tener disposición de viajar y moverme en el mundo. He aprendido a tomar cervezas y fumar. He aprendido a ver lo feo en lo hermoso y viceversa. Aprendí de igual manera, a caer de rodillas y amortiguar el golpe con las manos. He aprendido a no negar amor, a no negar un te amo ni un abrazo. He aprendido a escuchar y saber cuando tengo que hablar. He aprendido a guardar secretos y dejar de decirlo todo. Aprendí a perdonar y mirar con un poco de altura. También a estar en el suelo y darme el tiempo de estar en el suelo, literalmente. He aprendido a mostrar mis debilidades y seguir siendo fuerte. Perdí en parte la vergüenza de que me vean en pijama. Ahora puedo dormir más o dormir menos. Tengo la capacidad de amar de otra manera. Aprendí a contar algunas cosas al mundo y no tener miedo de decirlas. He aprendido a caminar de noche -o madrugada- por las calles. No he hecho ninguna promesa. Y he intentado que no me prometan nada. Soy valiente, no sé si eso puedo aprenderse pero ahora me doy cuenta. He aprendido a renunciar a una parte de mi egoísmo. Aprendí a no tomar desayuno y dejar que pasen muchas horas sin comer. También puedo sentir cosas sin que me las digan. Aprendí a compartir de la ducha a la sangre. Tengo palabras nuevas y nuevos significados para algunas cosas. Tengo amor propio sin orgullo. He aprendido a vivir en distancia y con distancia. Sé también vivir el día a día sólo conmigo, sin ti, sin mi, contigo, con tú y yo, y también en soledad. Aprendí a mirar las heridas de frente. He aprendido muchas cosas que no sabía, y he aprendido a permitirme algunas cosas. Ahora sé echar de menos -dejarme echar de menos, en verdad- porque me sigue costando a veces. Pero una de las cosas que más he aprendido, es a ser dos. No que dos son uno. Sino que somos dos.

No sé si fueron infinitos o fueron eternos los días que caminé afirmándome las tripas. Intentando abrazarme a mi misma para no dejar que la soledad y los miedos se apoderaran más de mi cuerpo. No sé cuanto tiempo creí que tenía que cuidarme de todo y todos. Pasaron días y noches en que no pude distinguir cuál era claro u obscuro. No quería ver el sol ni soportaba la falta de luz. Recorrí calles sin darme cuenta de los kilómetros que avancé. Un día me atraparon más de 27 y hasta se me hicieron heridas en los pies. Se me reventaron los oídos con canciones amargas. Vomité todo, incluida el alma, y aún así no podía sacarme la pena. Me perdí en un campo de noche. Apagué las luces del auto y no vi nada. Sólo la luna, que por un momento también se apagó. Aunque es probable que haya tenido los ojos cerrados, porque es casi imposible que la luna se apague. Lloré tanto que no me daba ni cuenta cuando dejaba de hacerlo. Perdí los ojos y no los encontraba. Tuve miedo. Tuve rabia. Tuve ganas de callarme. Me tragué millones de palabras por no morderme la lengua. Tuve el corazón tan roto que no pude más que leer a Junot Díaz y su libro así es como la pierdes. Supe que lo tenía tan roto cuando no pude seguir leyendo el libro, porque cada palabra me hacía más pequeño cada trozo. Hubo tantos pedazos de mi repartidos por tantas partes que pensé en poner anuncios con mi número de teléfono para que me los devolvieran. Tuve pánico de que un animal se quedara con alguna de mis partes y la enterrara, y yo nunca más pudiera volver a estar completa. Por eso me apuré en armar de nuevo lo que soy ahora. Creo que es difícil siempre que las cosas vuelvan a ser iguales, sobretodo uno mismo. Porque en el ser humano, el cambio es constante. Las piedras tienen que rodar para ser redondas y el porrazo que me di, desfiguró alguna de mis caras. Quizás mis ángulos nunca volverán a ser los de antes, pero están reconstruyéndose, y aunque nada sea exactamente igual, si puedo ser levemente mejor en algún aspecto.

Sufro de un extraño mal que hiere narcotizando; mal de amores, de incomprendidas grandezas, de infinitos ideales. Mal que me incita a vivir en otro corazón, para descansar de la ruda tarea de sentirme viva dentro de mí misma.
twm.

domingo, 27 de octubre de 2013

Te perdí por pensar que te tenía.

jueves, 24 de octubre de 2013

Oda al vómito.

Oh vómito, llegaste y me diste mucho asco.
Oh vómito, oh vómito, oh vómito.

No puedo escribir odas, pero puedo decir que ojalá uno pudiera vomitar la pena. O quizás vomitaba por pena. Se supone que el síntoma es la solución que encuentra el aparato psíquico entre impulso y defensa; y que al mismo tiempo, el síntoma te evita un sufrimiento mayor. Si existe el alma, la vomité hoy.

Latir.

Mi corazón late como si estuviera solo, como si estuviera sólo él dentro de mi. Es como si no tuviera ningún otro órgano. Mi corazón late y es hermoso. La distancia entre un latido y otro es cada vez más grande, es como si pudiera encontrar el último de ellos.

El amor de mi vida es un pacto.

Yo tenía 17, y él tenía 19. Ese año, se había ido al sur para convertirse en ingeniero. Era marzo. Yo no lo quería, pero él si me quería a mi. Me quería tanto que me llamaba 307 veces al día, me veía conectada en algún lugar y me llenaba de mensajes, incluso me llegaban los mensajes de texto por docenas al celular. Estaba tan lejos y a mi no me importaba. Estaba tan cerca, que a mi tampoco me importaba. Era compromiso. Él y yo. Yo y él. 
Chiquillo bueno. Sano. Tranquilo. Amoroso. Perfecto para padres, aburrido para mí. Prometedor. Buen futuro. No fuma, no bebe y juega tenis. Sabe más de números que todos nosotros juntos. Sus papás son sus amigos en Facebook. Pone fotos de sus abuelos, del campo de sus abuelos, montando caballo y cosas así. Ahora que me acuerdo siempre me prometío una vaca. 
Él quería casarse conmigo. Yo no quería casarme con él. Nadie me obligaba a estar con él, pero en el fondo, funcionábamos como un pacto casi infantil. Él se preocupaba por mi, y yo hacía de su polola frente al mundo. Así aprendimos que la vida no es justa, y que cada uno nunca recibe lo que se merece. 

Me a b u r r í   de ti, le escribo. Acto seguido, termino la relación por Facebook. Por qué pregunta, ya no te quiero respondo. No vuelvo a hablarle. Él es el último hombre con el que estuve. Es mi karma ahora, supongo. 
Cristian siempre ha sufrido por amor. Como yo. Y nunca supo, que lo que no soporté jamás, era que sufría más que yo. 

Ahora igual lo recuerdo. Y él nunca se ha olvidado de mi cumpleaños.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Los corazones rotos se curan. Los corazones protegidos, terminan converditos en piedras.

lunes, 21 de octubre de 2013



Sé que es un momento difícil, empiezo. Y ya lloras. Lejos, distante. En cuerpo y alma. Más lejos. El dolor cruza todas las señales y siento como se mojan mis hombros con tus lágrimas. Creía que yo estaba destruída, pero hace por lo menos tres años no escuchaba la intensidad de ese llanto. Y es un llanto que está fuera de mi cuerpo, pero también nace y muere en él. Hay cosas que duelen. Pero el dolor más grande está ahora en Puerto Montt. En un cuerpo apuñalado. En un cajón de madera. En un cementerio, a cientos de kilómetros de aquí.

sábado, 19 de octubre de 2013

Elegir.

Se puede elegir vivir del placer o vivir de amor. Y no del amor.
Vivir de amor implica vivir con el placer del amor mismo, de la tristeza, el orgasmo, el calor y el dolor.

            pero vivir del placer no lleva casi nunca a vivir con amor.

Las noches son eternas y duran 17 horas. Pero no importa, porque tampoco soporto la luz, ni la gente, ni sus sonrisas.

jueves, 17 de octubre de 2013

Redención.


El auto a 140 kilómetros por hora. Cinco mil pesos en bencina y llegar hasta donde aguante el estanque. Bajar a Pirque, sentarse en un río. Mojarse los pies mientras los zancudos pelean por robarme sangre. Mirar el cielo oscuro y libre de cables, la quinta luna llena desde que se fue. Pero ya no importa. La distancia parece ser tan grande que ya da igual. Me tiemblan las manos, los brazos, las piernas. En vez de cuatro, tengo dieciséis ojos. Que baje dios y me entregue la luna, porque no tengo luz. O que venga mi Abuela y me entregue una estrella, porque dios no me ama. Que no me toquen, que no me hablen, que no me miren. La cara me delata.
Nací desprejuicida. Desorgullosa. Y tonta. Así me hicieron, así me criaron. Abuela siempre dijo que todos merecemos otra oportunidad. ¿Pero qué pasa, vieja, qué pasa si se me está rompiendo el corazón? ¿Qué pasa si estoy repartida en mil doscientos pedazos? Dime qué pasa si me duele tanto el alma que no puedo ni mirarme en el espejo ni mirar a los ojos a nadie. Dime, qué cresta, qué mierda, qué chucha hago. Que viaje tu alma y me cuide. Que me tomes, que me agarres los ojos y te vayas. Que dios, que el que sea o lo que sea existe te deje acompañarme. Que se apiaden de mi, una vez. Que no me de suerte, que no me de vida, que no me nada. Sólo tu alma. Tu alma de abuela, de madre. Tu alma de protección y espantacuco.
Que no me dejen llorar más, que no quiero perder los ojos. Que venga mi mamá y me pegue, ahora. Que me pateen en el suelo. Que me despierten. Que me dejen caer. Que me dejen arrastrando la vergüenza. Que mi dolor los salve a todos, que el mal de mi alma haga cicatrices sobre las que ya tengo.


Aquí, junto al mar, aquí esperaré al sol
que me traiga la paz, que me dé su perdón.

Bailemos juntos, hasta que despierte el sOl.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Just that.

Es sólo que odio despertar y no verte. No desayunar y tener hambre. Es sólo que no soporto que hoy ningún camino me lleve hacia ti. Es sólo que quiero patear la distancia, llenarla de piedras y subirme. Saltar. Y estar a tu lado. Es sólo que las horas, los días, las semanas se hacen eternos. Que no me aguanto por volver a escuchar tu respiración y tocar tus labios. Es sólo, que lo que más odio en el mundo, es no poder verte cuando quiero. Ni cuanto quiero. Y que llegue la noche sin la promesa de verte mañana.

jueves, 10 de octubre de 2013

.


Dormir poco e incluso menos de lo necesario. Dormir lo suficiente para poder mantenerse en pie, aunque a veces los ojos piden a gritos descanso. Caminar por calles distintas para no encontrarse con fantasmas ni con recuerdos. Cruzas las esquinas que tienen historias vivas. No mirar el semáforo. Cruzar las calles por inercia, siguiendo a los demás. Tomar el metro y esquivas las miradas de todos. Y de todas. Olvidarse del día, del mes, del año. Tener dificultad para recordar el propio nombre. No reconocerse en el espejo. Mirarse y no encontrar lo que uno era, lo que uno fue, lo que uno es. No saber lo que uno será. Vivir con trozos de uno pero sin uno. El todo es más que la suma de las partes, ¿pero qué pasa si no tenemos partes?
Tomarse el café con sal. Saltarse la hora de almuerzo. Evitarla, en verdad. Llenarse de trabajo, de cosas por hacer. Desocuparse. Buscar excusas para no volver a la casa. Caminar lento. Caminar dos, cinco, diez estaciones de metro. No tomar micro, ni colectivo, ni taxi. Decir que no cuando ofrecen ir a buscarte en auto. Caminar al sol. Tener poco cuidado. Esguinzarse el pie. Llorar en la mañana. En la ducha. Al salir de la casa. Caminando. En los ascensores. En la escalera. En la escuela y en el olimpo. No poder tragarse ni el té. Usar la quinta parte de la cama, porque todo lo que queda lo usa Tristeza.
Siempre digo que no sirvo para ser triste.
Pero a veces, vivo tan triste, que ni me doy cuenta cuando dejo de estarlo. O cuando lo estoy. O cuando me abandona. O cuando llega y despierto gritándole - en pesadillas-.

martes, 8 de octubre de 2013

Pies.


El amor no es amor si uno no ama los pies de la otra persona. Eso creo. Porque en el fondo - y al final - son los pies los que mueven a una persona. Son sus pies los que lo trajeron a ti, los que le hacen caminar contigo y a tu lado. Son sus pies que le llevan a buscarte. Son los pies, los que han estado todo el camino.

lunes, 7 de octubre de 2013

Quisiera ser olvido para nunca recordar.

        Quisiera ser brisa, y así acariciar la vida una vez más.


domingo, 29 de septiembre de 2013

Unas veces se gana y otras se pierde.


· He bajado hasta el puerto y he escuchado las sirenas de los barcos que llegaban de alta mar. Transatlánticos que nunca he pisado: no estás hecha para el agua si no te quieres mojar. He aguantado en la línea de salida hasta oír ese disparo que marcara una señal, pero el pánico al fracaso me detiene. Unas veces se gana y otras se pierde.
· He mirado en el fondo de tus ojos, de pupilas dilatadas como un túnel sin salida. Los recuerdos han quedado tan borrosos como el barro de los charcos después de la tempestad. Son las brasas de una llama extinguida donde me dejé la vida intentándola avivar. Para qué perder el tiempo en convencerte, unas veces se gana y otras se pierde.
· Las mujeres y los niños van primero, se ha iniciado el salvamento. Capitanes que se hunden con su nave, ¿Qué fue de ellos? nadie sabe.

· He aprendido a lamerme las heridas, renacer de mis cenizas y volver a comenzar.


¿Para qué perder el tiempo en convencerte?

miércoles, 25 de septiembre de 2013

The long and winding road

Despertar a las 4.15 todos los días y no poder volver a dormirse. Esperar -o aplazar- la hora de levantarse. Bañarse con el agua tan fría, que duelen los huesos. Intentar tomar desayuno y no retener la comida por más de 20 minutos. Estirar la hora de irse. Salir. Tener frío con el sol brillando en la espalda. Caminar y sentir las piernas blandas. Llegar a la esquina y ver borroso. No poder levantar la mirada. Tener los ojos tan hinchados que parecen tener vida propia. Llorar cruzando la plaza. Vomitar en la calle. Seguir teniendo frío. Hacer en tres tiempos el camino habitual. Sentirse tan sola que hasta cuesta soportar la propia presencia. Ganas de no estar con nadie y de estar con todos. Ganas de que no te encuentren nunca, pero de que te busquen. Tomar el metro y que vaya lento y vacío. Bajarse. Cruzar la calle en el primer verde. Llegar a la universidad y no entrar a clases. Sentir el mundo moviéndose y burbujas de aire en la nuca. Hablar con los amigos.  Aprender que hay cosas que no importan ni la N de nada.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Única en el mundo.

La miro y se me escapa un pensamiento en forma de palabras. Alcanzo a callarme, pero ella me pregunta qué quiero decirle. No digo nada. Coqueta, me dice. Pienso que no debería decirle nada. Aunque ella siempre sabe. Todo lo sabe. Entonces respiro, la abrazo y me hundo en su cuello para decirle muy bajito al oído -y que nadie más se entere- que siento que si hay alguien en el mundo que es para mi, es ella. Ahora pienso también que, si hay alguien en el mundo para amar así, como yo la amo,  es ella y sólo ella.
Porque ella es única en el mundo (para mi). Con ella vivo un amor loco, libre, sano, bueno y verdadero. Un amor de echar de menos, de permitirse echar de menos. Un amor con dolor de tenerla lejos. Un amor con la más feliz de las felicidades por tenerla cerca. Un amor de hacer cosas nuevas. De hacer lo mismo, y que incluso así parezca distinto. Un amor de viajar, de compartir camas nuevas y distintas. Un amor de estar dispuesta a estar en cualquier lugar, si es con ella. Un amor de abrazarse en el bus, de tomarse la mano en el metro, de besos en los semáforos, de afirmarse en el barco pirata. Un amor de caminar kilómetros, de sentarse horas, de no levantarse nunca. Un amor sin tener vergüenzas. Un amor en libertad. Un amor de compartir, de compartir hasta la sangre. Un amor que deja decir las cosas. Un amor que me tiene en las nubes, y por qué negarlo, un amor que me ha tenido de rodillas en el suelo. Un amor que no necesita hacer promesas. Un amor que es distinto. Un amor que han visto sus amigos y los míos. Un amor que es tuyo, que es mío, que es (sólo) nuestro. Un amor real. Un amor que es sólo a m o r.
                                                            


        Me enseñaste a amar.
                                      Y yo te di mi vida.

jueves, 12 de septiembre de 2013

martes, 10 de septiembre de 2013

Hay canciones que no se pueden decir. Que no se pueden cantar... Y que no se pueden escribir.
Canciones que duelen. Como duele el amor a veces. Como duele querer tanto y estar lejos. Como duelen las letras de su nombre grabándose en algún rincón de mi existencia. 

lunes, 9 de septiembre de 2013

Te morías por volver.

martes, 3 de septiembre de 2013

Me pierdo en mi cama, que es gigante. Me pierdo en ésta cama que es cuatro veces mi cuerpo. Me muevo. Me cambio de lado e intento salir. Me destapo, buscando el frío.

Hoy llovió. Me mojé. Tiritaba. Y no me abrigué. Porque yo ya no quiero más calor que el de tus huesos. Por eso busco el frío. Un frío que me haga sentir viva. Un frío que no deje que mi cuerpo se queme sin el tuyo.

Resumiendo

Encontrarte. Saludarte. Mandarte una vaca. Hablarte. Contarte. Buscarte. Juntarte (conmigo). Esperarte. Besarte. Mirarte. Abrazarte. Tomarte (la mano). Sentarte (a mi lado). Besarte, otra vez. Besarte mil veces. Conversarte. Sentarte (y leerme). Dejarte. Juntarte de nuevo. Buscarte (al otro día y muchos más). Angustiarte (y angustiarme contigo). Presentarte. Ir a visitarte. Desnudarte. Desayunarte. Almorzarte. Oncearte. Cenarte. Tomarte (en brazos). Agarrarte (con las piernas). Tironearte. Golpearte (sin querer). Concretarte. Soñarte. Escucharte. Mirarte (el tatuaje de plumón). Cocinarte. Lavarte (la ropa y el cuerpo). Pensarte. Enviarte. Armarte (en mi cabeza y mi cama cuando no estás). Bailarte. Cantarte (bajito y entre canciones). No cambiarte (por nadie).


Esperarte.                      
                                  Llorarte.
                                                                       Necesitarte.

                                                                                                               Extrañarte. 
  

Todo, todo eso (y más)
Todo eso (y las palabras que todavía no descubro)
Todo esto

               se resume
                                       en
                                                        a m a r t e.

En el amor. Que se convierte en arte. Que se hace mil formas y mil maneras de hacerlo bien y de hacerlo mal. Que se vuelve todo. Que se convierte en la técnica de hacer visible lo invisible.

En la virtud de poder materializar pero dejar que todo siga siendo abstracto.

En la capacidad de que pueda alcanzarlo todo. Pero que ni siquiera sea necesario tocarlo.




domingo, 1 de septiembre de 2013

Fe

No sé en qué momento volví a creer en dios.

Y ahora sólo le pido que el dolor no me sea indiferente.

martes, 27 de agosto de 2013

Me fui.


Cuando me fui, tomé un bus que me llevó al norte. Tú te ibas conmigo, pero te bajaste y me dejaste sola -como tantas veces lo hiciste antes-..

Te pusiste lentes de sol en la última foto. Los lentes que te regalé yo. Caminamos y no me hablabas. Tal como habían sido los momentos más tristes a tu lado. Nos despedimos. Me dices que me vas a extrañar, que te avise cuando llegue a todos los lugares donde voy a pasar. Antes de irme, paso cerca de tu casa . Busco desesperada, miro el semáforo. La gente que va a cruzar, porque podía encontrarte. Estabas dos estaciones de metro más al norte, y yo estaba más al sur pero en auto. Desde ahí nada me dolió. O quizás nada me dolió lo suficiente. Desde ahí entendí -por fin- lo que todos me dijeron por lo menos una vez.

Viajo. Y no me duele la distancia.
Viajo. Y cada kilómetro me tranquiliza más.

Algún día iba a aprender que no me hacías falta.

Estoy lejos y te enojas porque tú no estás. Digo que no es mi culpa. Ya no puedes culparme. Te enojas más porque no me importa. Decides no hablarme y yo lo acepto, como lo he aceptado siempre. Salgo, conozco gente. Intentas controlarme pero ya no puedes. Te desesperas. Me buscas. Me amenazas. Te tranquilizo. Sangro. Me duermo. Me despiertas. Cuentas las horas para que vuelva y yo no quiero volver. Salgo. Camino. Me quemo. Te vuelves a desesperar. Me vengo, pero empiezo a dejar atrás sentimientos que en poco tiempo me abandonan por fin.

Se hace de noche y la carretera es larga. Llego. Cruzo corriendo la alameda. Me espera el auto. Frenamos brusco y me pego en la cabeza. Paso otra vez cerca de tu casa, pero ya no miro. Porque ya no quiero encontrarte. Porque ya no quiero volver. Yo creía que me iba para echarte de menos. Pero me fui para echarme de menos a mi y querer quedarme conmigo. Yo ahora digo que me fui para volver a mi. Me quitaste tantas cosas y las encontré todas apenas estuve lejos.

Tengo que hacer trámites y te digo que no me acompañes. A diferencia tuya yo siempre pude hacer mis cosas sola. Y además, siempre tuviste mi compañía y yo no la tuya. Sabía vivir sin ti. Te enojas, otra vez. Pero te arrepientes porque adivinas que estoy dejándote.

Llega febrero y nos vemos cuatro días en todo el mes. Y para mi está bien.

Llega marzo y nos vemos más por asuntos universitarios. Te acompaño otra vez a hacer tus papeleos. Soplan aires de días pasados. Sé que yo ya no estaba, y pensé que quizás podías estar buscándome. Te pido un abrazo y no me lo das. Te molesta tocarme. No quieres tocarme. Y yo tampoco quiero que vuelvas a tocarme.

Te enojas.

No me hablas.

Yo tampoco te hablo.

Es primera vez que yo no te hablo.

Sabes entonces, que es de verdad. Porque yo no juego con los silencios.

Mi    am o  rp ro pi o empieza de a poco a poco a pegarse de nuevo.
Me hago valer. Y te digo que ya no más.

Te digo todo lo que me dolió. Y mi voz sale entera. Porque así soy ahora. O porque así volví a ser.
Me sané en tu ausencia. Pero no en la ausencia de cuando me dejaste. Me sané en la ausencia de dejarte a ti. Te comunico que me fui, que me voy.

Tú no crees en los tiempos. Yo, no sé.

Tú dices que quieres terminar y te arrepientes. Me dijiste lo mismo ocho veces mientras estuve contigo.
Esperabas que te retuviera. Pero yo siempre he podido dejar volar a los demás. No te retengo.
Me voy. Es jueves. Camino y me sigues. Me dejas en la u. Yo camino rápido, porque no quiero que vayas conmigo.

Me dices que ahora soy fria.

Yo digo que soy más cálida y más amorosa que nunca, pero conmigo.

Me amenazas. Me dices que no comes, que no duermes, que no puedes dejar de llorar.


Me dices que estás muerta. Respondo que yo estuve muchas veces muerta. Y morí en las muertes feas. Convengamos que hay buenas formas de morir. Y buenos motivos por morir.
Yo moría por abandono, por soledad, por desprecio. Morí por quedarme sola. Morí por darte -alguna vez- todo y por quedar vacía. 
Me sigues. Me buscas. Llegas a mi casa. Yo ya no me dejo ver. Ahora yo estoy viva y tú dices que te estoy matando.

Me escribes. Cambia tu ortografía. Vuelves a decirme que lloras, que no comes, que no duermes. Que no puedes levantarte. Que no puedes salir. Que no puedes pensar. Dices que no vas a querer a nadie como a mi. Dices que fui el amor de tu vida. Y tengo miedo. Dices que fui lo más importante. Y nada me calza. Mi mundo se contradice. Dices que no tendrás a nadie como yo. Dices que me amas. Yo digo que no se daña así a quien se quiere.

Te enteras de todo lo que hago.

Me devuelves mis cosas.

Me pides una segunda oportunidad. Y todavía no te das cuenta de que tuviste mil.

Digo no.

Digo déjame.

Digo sé feliz.

Digo cuídate.

Te digo que no puedes hacerme creer que tu vida depende de mi.

Lloras en un banco.

Me quedo ahí, esperando que te calmes.

Me preguntas si no me da pena. Yo no lloro. Te digo que hace meses dejé de llorar por ti.

Vuelves a llorar. Me gritas. Me pides que no me vaya. Me dices mil veces que soy el amor de tu vida. Me dices mil veces harás todo diferente. Yo me callo.

Pasan muchos minutos. -Y ya no lloras - y yo puedo decirte: Ahora puedes ver y sentir muchas veces.

Me miras. No sé si con esperanza o con miedo.

Sigo hablando y digo, pero todas esas cosas estan movidas porque sabes que puedes perderme.

- o porque que ya me perdiste -

Y digo que nunca me viste. O puede ser, que ya habías dejado de verme.

Me levanto, me despido y camino.

Me gritas que te estoy matando.

Reconozco ser tu asesina. Porque se mata con el corazón, como dice Mauro de Vasconcelos. Así como cuando uno va dejando de querer y la persona se muere. Así te maté.




jueves, 22 de agosto de 2013

(1/3) < (2/5)

Un tercio es menos que dos quintos del mismo entero.


Estaba sentada, escuchando las aproximaciones históricas a la psicoterapia y la diferencia de hablar de reconstrucción de pasado y reconstrucción de historia. La reconstrucción de pasado habla de situarse desde los orígenes, incluso cuando se hacía algo o algo existía sin saber lo que realmente era. Lo histórico se refiere más al acuerdo sociocultural de que algo es algo.

No escribo nada y me pongo a hacer cálculos. Saco la cuenta de que eres parte de mí hace ya un tercio de año. El 32.87% de los días de este año han pasado desde que te vi por primera vez. Son 121 días. Y no cuento los días que hablábamos sin habernos visto. Me acuerdo de tu miedo y la primera vez que soñaste conmigo. ¿Cómo se puede soñar con alguien que no has visto nunca?

Miro la hoja y pregunto, ¿pasado o historia?
Prefiero pensar en un pasado porque no quiero darte carácter de historia. Me refiero, mi amor, a que me sigo negando a ponernos fecha. Independiente de que a veces cuente los días o en alguna ocasión haya contado las horas, no quiero dejarte detrás de un número, ya sea 8, 19 o 24. Digo, que eres pasado porque has estado sin saber lo que eras pero que siempre has sido. Aunque creo también que a veces se entiende el pasado como lo que se dejó atrás. Y sólo por eso te cambiaría por historia.
Para mí, la historia está en cambio constante. Concepción más dinámica. Y no tenerte cerca es mi tope. Porque podemos escribirnos sin tenernos al lado, pero nunca va a ser lo mismo. Nunca va a ser lo mismo mandarte un beso que darlo en verdad.  Pienso después, que quedan hojas en blanco y eso te convierte en futuro. Futuro del que siempre me quedé atrás por vivir mucho en el presente, pero que ahora me permito mirar sin tocarlo demasiado.

Concluyo entonces, que existes y te quiero más allá de mi experiencia. Y que no importa si es pasado o si es historia. Que no importa cuántos meses, cuántas semanas, días u horas. Que sólo importa que llevamos un otoño, y que estamos cruzando un invierno.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Como hablar.

Me estás quitando (la vida)
Te estás quedando con todo. Incluso con lo que no tengo.

jueves, 15 de agosto de 2013

Uno y cinco.

Hace un año me pasó una de las peores cosas en mi historia. Hace cinco meses me abandonó uno de los sentimientos más horribles que ha parido mi corazón.

domingo, 11 de agosto de 2013

- ¿Qué te asusta?
- Mirarme en el espejo, cruzar la mirada conmigo.
- ¿Por qué?
- Porque hay demasiado odio y frío en mis ojos.
- ¿Qué más te da miedo?
- Morderme la lengua.
- ¿Por el veneno? Jaja.
- No. Porque pueden salirse todas las palabras que nunca he podido decir.

sábado, 10 de agosto de 2013

La misma pesadilla siete veces. Siete noches. Siete días. Una semana. Un cuarto de mes. 1/52 del año. Que al final es el 0.02% de estos 365 días.

No vuelvas a gritarme.

miércoles, 7 de agosto de 2013

sábado, 3 de agosto de 2013

Amor nuestro.

Mi mamá me retó la vez que le comuniqué que no soy católica, dijo que lo era por obligación y para siempre porque me habían bautizado. Nací lejos de dios. Y mis últimas (o las únicas) fuerzas/energías creyentes, se cayeron -inevitablemente- en una tumba abierta mientras bajaban el cuerpo de Abuela y yo corría lejos. Todavía me cuesta encontrar ese lugar, por lo mismo asumo que sigo sin estar cerca. No sé rezar, no sé pedir. Pero creo, con firmeza y todas mis fibras, en algunas cosas. No nos rindo culto, pero nos tengo fe:

 
Amor nuestro, que no estás en la tierra ni en el cielo -ni en el infierno-. Sagradas sean tus cuatro letras, y tus infinitas formas de manifestarte. Hágase tu voluntad en el norte, centro o sur; en la cordillera o en el mar, en mi valle o en tu ciudad. Que siempre pase lo que tenga que pasar. Danos los besos de cada día. Perdona a la distancia que aleja nuestros cuerpos y que nosotras perdonamos contando los besos que caben en ella. Déjanos caer y déjanos subir.


Apiádate, también, de los corazones que no conocen el amor y no nos entienden.

Así sea. 

#2 No sé por qué, peor el dos lleva al 13:

https://www.youtube.com/watch?v=Uv7vty6GqGs

viernes, 2 de agosto de 2013

Que si (CUATRO!)

Que si te veo por primera vez, se me quedan quietas las piernas.

Que si te tomo la mano, tiemblas.

Que si nos sentamos a los pies del cerro, me lees Báilame el agua.

Que si estas muy triste, te siento en el cuello.

Que no me cantas, si no tienes tu guitarra.

Que se te revuelven las tripas, si te beso.

Que se me revuelven las tripas, si me besas.

Que me envuelven terremotos, si me tocas.

Que yo también toco el cielo, si tú tiemblas.

Que el amor es bailar, y yo te bailo.

Que si estás muy lejos, se me secan los ojos.

Que se me secan los labios. si estás muy cerca.

Que si estás muy muy cerca, me hago agua (por ti).

Que estoy loca, si tú estás loca conmigo.

Que quiero volar, si tú vuelas.

Que si te caes, quiero caerme contigo.

Que si te pasa algo, se me cae el pelo. 


(Que si vienes, soy feliz.
Que si voy, soy feliz.
Que soy feliz, si soy feliz)

miércoles, 31 de julio de 2013

A veces te mataría.

Por escribir de odio, se me borran las cosas.
Gracias dios por darme buena memoria:


Del amor al odio hay un paso, he escuchado y lo he leído un par de veces. Del amor al odio hay un paso, lo he bailado un par de veces. Y es que te odio cada noche que no duermo contigo. Te odio cada mañana que no despierto contigo. Te odio todos los días que no hago la cama contigo, que no camino contigo. Te odio cada vez que no te beso. Del odio al amor está el mismo paso, el mismo baile, el mismo ritmo. Y hago el camino de vuelta. Porque te quiero cuando lo haces todo, te quiero incluso cuando no haces nada.


A veces te mataría.
(Otras en cambio, te quiero comer)

O algo así, era.

[Dieciséis veces te mararía, y te comería diez mil]

martes, 30 de julio de 2013

Centro.

Supe entonces que era demasiado tarde para salvarla: ella se había vuelto pegajosa en el centro. 
(Oliver Tate, Submarine)

Yo no quiero ser pegajosa en el centro. Ni crujiente, ni muy líquida. No quiero ser blandita, ni demasiado suave. Ni tan amarga como para no querer volver a probarme. No quiero ser ni ácida, ni dulce. Tampoco ser tan dura como para no poder ser mascada. Noquierosernadayquieroserlo t o d o.

[DOCE]

Quiero ser tan blanda, que por más que me aprietes nunca logres aplastarme por completo. Quiero estar tan adentro que tus piernas no sean suficientes para alcanzarme, ni nuestros roces. Quiero que me busques, que hurgues, que te metas con los dedos. Quiero ser tan líquida, que corra por tu cuerpo y llegue hasta tus pies. Quiero que me encuentres, que me pierdas y que me vuelvas a traer. Que descubras mi centro, que llegues al lugar en que soy tan seca y donde estoy tan mojada que ni siquiera tengo frío. Que (re)conozcas mi humedad por pena, mi humedad por felicidad y mi humedad por excitación. Quiero ser un terremoto en el centro, tener un terremoto en el centro, que tú seas mi terremoto.


 * Te regalo el 5: http://www.youtube.com/watch?v=4gPUtNrFvmo

domingo, 12 de mayo de 2013

Desayuno.

Siempre tomo desayuno sola. Sólo lo hago acompañada cuando estamos de vacaciones, cuando nos topamos con mi hermana para irnos a la u, o en el día de la madre. Hoy.

Nos levantamos temprano, a pesar de que mi mamá lleva mucho rato despierta se hace la dormida. En el fondo, más que los regalos que hacemos es el gesto de compartir las tres y conversar. Espacio para la triada, momento que nos damos poco porque siempre hay alguien más, o siempre hubo alguien más. Mi hermana y yo hacemos cosas especiales. Subimos bandejas con café, leche, muffins, galletas y algo más que encontremos. Nos sentamos en algún rincón porque ahora su cama es de plaza y media, y no grande como antes. Ya no cabemos en su cama. Y ya no necesito entrar porque mis miedos están enterrados. Hablamos.
Me interrogan un poco, cuales son tus planes para la próxima semana, cuando vuelves. Nos acordamos de la Vieja. Madre llora un poco, yo me trago las lágrimas porque, a pesar de que a veces lloro mucho, no me gusta que me vean. Cementerio y recuerdos. Hospital y llantos. Enfermedad, dolor y amor. Estar y no estar.

Me levanto, me pongo un polerón y cruzo el patio. Voy a la casa de mi abuela. Abro la puerta de la cocina y después voy a su pieza, o a la que era su pieza. Miro la pared, y todavía está mi foto de kinder, con un cuadro que hice con ayuda de personas borrosas y que no logro recordar; con letras primitivas y muy feas dice feliz día. Me acuesto en esa cama que fue siempre cálida y ahora lleva años helada. Hace frío. Cierro los ojos y pienso, en madre y en Mami. Echo de menos tus ojos, tus manos y tu cuello suave. Tu espalda, tus pantuflas arrastradas por el suelo y tu voz diciéndome gallina. Me levanto y miro tu foto al lado del teléfono. Ojalá pudiera llamarte. Ojalá tuvieras número, ojalá respiraras, tuvieras olor y cuerpo. Porque no me resulta pensarte sin tenerte. Me levanto. Vuelvo al patio, y me acerco al damasco. Ese es el árbol de toda mi vida, donde nos sentábamos en el verano. Tengo un encendedor, y yo no fumo. Tengo un papel, pero escrito con linda letra. Polvo eres y en polvo te convertirás.

Gracias por todo lo que fuiste cuando no te correspondía, y por todo lo que no fuiste.

sábado, 6 de abril de 2013

El atardecer sentado en mis rodillas se come una naranja-.